Una semana en Ciudad de México

Desde el avión y a merced de la noche esta ciudad te deja sin aliento, su grandeza va más allá del espacio que ocupa entre montañas. Es mucho más difícil que describirla como una simple enorme ciudad, pero lo voy a intentar, voy a explicaros por qué Ciudad de México (DF) merece de vuestro tiempo.

Nosotros teníamos un motivo para ir: unos amigos nuestros se habían mudado allí y nos acogieron con todo el amor de esta pareja… bueno, de Christian, Maria y “Alexa”, que fue motivo de muchas de nuestras risas y parecía formar parte de la familia. DF fue para nosotros nuestro campamento base, donde dejamos nuestras maletas grandes, pasábamos tiempo de calidad compartido con nuestros maravillosos amigos -incluso a veces con los amigos de estos-, y desde donde partíamos al resto de nuestros viajes por México.

Christian & Maria

¿Cuándo ir?

Cuando quieras, cualquier momento es bueno para vivir en la gran ciudad, y si digo eso es porque está entre las tres ciudades más grandes del mundo. Enero fue cuando estuvimos nosotros y su “invierno” puedo decirte desde ya que la temperatura es maravillosa, manga corta y camiseta larga fina durante el día y chaqueta de noche.

Transporte

Corta distancia: usábamos las bonitas piernas que la vida nos ha dado. El paseo en sí es enriquecedor y las calles se me antojaban salvajes -no por lo que probablemente se piense-, sino porque los grandes árboles tropicales, que nos mantuvieron horas embobados arrancan con sus raíces las propias aceras. Os lo digo de verdad, la naturaleza es muy poderosa y no me cabe duda que es muy consciente de su entorno. 

Media distancia: bicicleta y no es una broma, aunque hay que ir con cuidado y esperar unos días para acostumbrarse al tipo de tráfico y comunicaciones culturales en él. La bicicleta es una manera muy liberadora de experimentar esta ciudad, ya sea porque has alquilado las bicicletas o usas el servicio público que la ciudad ofrece. La naturaleza que abunda en la ciudad es un precioso paisaje que observar mientras pedaleas. Las luces cosmopolitas, su arquitectura y sus murales convierten a DF en un museo al aire libre, disfrútalo si puedes pedaleando. Eso sí, vigila bien por dónde vas.

Larga distancia: nosotros usamos Uber y ya no sé si es ético o no y probablemente me lo plantee más adelante, pero este servicio, recomendado por nuestros amigos, fue la solución económica que necesitábamos cuando sobre todo íbamos al aeropuerto. Los coches estaban en muy buen estado, eran muy rápidos en su servicio, el interior limpio y los conductores toda una sorpresa en personalidad.

Cosas a tener en cuenta:

Ya he repetido en la publicación anterior cómo me sentí en México en general https://laiawanderlust.blog/2020/02/06/oda-a-mexico/ pero por si acaso aquí en este contexto de ciudad específico voy a mostrar algunos consejos:

  • Joyas: no sé si es algo cultural o de precaución pero nadie llevaba nada muy ostentoso o valioso encima. Yo seguí el flow y tampoco llevaba casi nada, eso me proporcionó mucha libertad y cambio de estilo, cosas positivas siempre.
  • Objetos de valor: cámaras y demás pues las llevaba guardadas y las sacaba cuando las necesitaba, pero la verdad es que este consejo lo daría en cualquier ciudad grande.
  • Pasaporte y DNI: sinceramente cuando viajas fuera de la Unión Europea (si vives allí) tu pasaporte es algo muy importante, así que yo lo guardaba siempre en lugar seguro, ya fuese en el hotel o en casa de mis amigos. En el primer caso aconsejo caja de seguridad. Encima siempre llevaba mi DNI por si la policía me pedía identificación en algún momento -que no pasó- y una fotocopia del pasaporte.
  • Capas de ropa: la verdad es que a lo largo del día, con manga corta y un jersey fino arriba estaba perfecta, aunque sí es verdad que si hacía un poco de frío siempre llevaba un pañuelo en el bolso. Si hace calor me quedaba en manga corta y por la noche, usaba abrigo siempre.
  • Aduana: dos horas de cola en el aeropuerto y bastantes preguntas después, mi consejo es que llevéis en una carpeta (o cartera) con los papeles que demuestran que tenéis un billete de vuelta y las reservas de los hoteles o lugares donde os vais a quedar. 
  • Style: para no desentonar con la ciudad recomiendo el estilo sencillo que llevarías en cualquier lugar cosmopólita, esto no es la Riviera Maya; chanclas y sandalias no thank you
  • Barrios que merecen ser visitados: Condesa, Roma y el Zócalo.

Día 1: Llegada a Condesa

Nada más llegar, y más si vas a pasar una temporada larga (un mes en nuestro caso), lo mejor es comprarse una tarjeta de móvil nacional. En el aeropuerto y después de pasar la aduana fue lo primero que hicimos: parar en Telcel o AT&T a comprar una, esto nos permitió pedir un Uber rápidamente y llegar a casa de nuestros amigos sin dilaciones.

Después de muchos abrazos y ponernos al día, una ducha más tarde y un vaso de agua después salimos a dar un paseo: primera parada el bosque de Chapultepec. Allí vimos una parte cerrada gratuita que tenía un hilo musical relajante y que pedía al visitante estar en silencio. Dentro había personas tomando el sol entre la naturaleza, escuchando la música, durmiendo o incluso leyendo -hay una mesa con libros que te prestan-. Ideas que me parecen fascinantes.

Después de comprar en mi primer puesto callejero un vaso de mango con lima y chili nos dispusimos a caminar por el centro. Después de recorrer mucha distancia entramos en un centro comercial, porque a mi me encanta ver el ambiente en ellos -esto me pasa desde que en Barcelona pasaba mucho tiempo trabajando en uno-, y tenía una curiosidad digamos que antropológica. Lo cierto es que había un cine, Jumanji en estreno y el jet lag que empezaba a chocar… así que sucumbimos a la tentación y pasamos un rato disfrutando de esporádicas cabezaditas en las butacas del cine. 

Luego volvimos a casa de nuestros amigos -que ha partir de ahora llamaré simplemente casa-, y fuimos a casa de unos amigos de nuestros amigos. Él tenía un pisito en un lujoso bloque de pisos en Condesa, en el rooftop vimos el atardecer, nos explicaron cada montaña y edificio a la vista y yo tomé fotos porque no sabía gestionar tanto amor y buenas intenciones. Mientras el sol caía, nuestras conversaciones se tornaron profundas y arreglamos el mundo a brindis de cervezas y teorías de esta generación nuestra que intenta salvar el mundo.

Martin, Kevin & Christian
Rooftop

Día 2: Xochimilco y Coyoacán

Día nuevo y otro precioso desayuno que Christian preparó para nosotros. Nos despertamos pronto para acompañarle a su trabajo, tenía una reunión en Xochimilco y nosotros aprovechamos para ir a dar una vuelta. Cierto es que estábamos bastante emparanoiados con toda la información que muchas personas nos habían contado sobre México en general. Íbamos con mil ojos y creo que cuando estás pensando tanto en tu seguridad atraes todas esas paranoias. 

Canales de Xochimilco

Puedo decir que en Xochimilco fue donde más observados nos sentimos, puede que por la propia paranoia, pero también por las pintas de “guiris” que debíamos llevar. Eso me hizo sentir que este “barrio”, por llamarlo de alguna manera, fuese donde menos segura me sentí. Y dicho esto, no nos pasó nada. Llegamos hasta el embarcadero principal y allí alquilamos un tour privado (50 euros los dos) por dos horas en los canales de Xochimilco. 

Allí con nuestro amable guía que también era el conductor de la barca nos explicó por qué hay una Venecia en medio de DF. Mientras estábamos en la barca muchos vendedores en sus propias barcas nos ofrecían comida, artesanías e incluso canciones. Nosotros compramos un pareo que hacían ellos mismos: la tela era un cactus cuyo nombre no recuerdo y los motivos bordados a mano eran aztecas. 

Coyoacán es uno de mis barrios favoritos, pintoresco, tranquilo y precioso. Nada más llegar me sentí muy feliz, la primera parada para comer fue en el restaurante “Aura vegana”. Os recomiendo los deliciosos choricitos y tabla de quesos también y los summer rolls. Después fuimos hasta el museo de Frida Kahlo y nos encantó, el ambiente, la decoración, etc. Os recomiendo ver antes la película de Frida que se grabó en esta casa, os pondrá en contexto y apreciareis más la visita:

Museo de Frida Kahlo

Finalmente paseamos por las calles de este precioso barrio y visitamos el mercado artesanal que con su decoración navideña fue la guinda del pastel del día.

Día 3: Museo Antropológico de DF

Museo Antropológico

Desayuna bien y prepárate porque nosotros tardamos una friolera de seis horas en verlo entero. Sabíamos a qué nos ateníamos así que estábamos mentalizados, lo hizo fácil el hecho de que el museo en sí es una obra de arte y que los temas tratados son necesarios para entender este país con más perspectiva. 

Consejos:

  1. Desayuna bien y ve pronto: disfruta de las primeras salas que son la base de prácticamente la humanidad.
  2. Tómate un descanso o bien tomando el sol en el exterior de la fuente o bien en la cafetería tomándote un café.
  3. Continua y acaba con la planta baja, tendrás la cabeza muy opaca después de tanta información así que te invito a ir al restaurante del propio museo para un break.
  4. Haz de una sentada la parte superior que es mucho más liviana.
  5. Descansa haciendo la opción que no hayas puesto en práctica del punto número dos.
  6. Seguro que hay alguna sección que quieres repetir, este es el momento.

Para desconectar de tanta información volvimos a casa por el bosque de Chapultepec, allí me paré en una librería y compré un libro de poesía de un escritor mexicano. Paramos en el lago y leímos un rato en voz alta -es algo que hacemos a veces, otra manera de conectar y da lugar a conversaciones sobre nuestros sentimientos y debates-, sobre poesía enfocada hacía la muerte. De vuelta a casa me agarré al brazo de Martin y continué leyendo un rato.

Una ducha después y pocas energías solo la palabra “taco vegano” me podía resucitar, Maria nos llevó a un restaurante muy humilde pero un must do de la gastronomía. El cansancio nos acabó por devorar y volvimos a casa a hacer la maleta y dormir, ya que al día siguiente nos íbamos a la Riviera Maya https://laiawanderlust.blog/2020/02/20/mexico-yucatan-quintana-roo-y-campeche/.

Día 4: Work day in a smart way

Escribir para vosotros -y para mí-, es algo que me apasiona pero también es una tarea que hago constantemente y encontrar tiempo durante el viaje fue todo un rol de organización. Así que aproveché los aviones, los ratos en que los demás dormían y las musas me visitaban y cualquier espacio de tiempo posible. 

Cuando volvimos de la Riviera Maya otra vez a DF tenía una artículo pendiente así que nos despertamos pronto y paseamos por las frescas calles de la mañana mexicana. Tomamos un café en La librería Péndulo mientras escribía frenéticamente. Luego me perdí entre estanterías de libros de todos los gustos, colores y sabores. Para comer Vegamo es la clave del éxito, delicioso y saludable.

Día 5: Santuario de la Mariposa Monarca

Seis de la mañana, mochilas cargadas de snacks y una rápida parada a por un café para llevar, mi favorito Starbucks y me cuesta admitirlo porque la gente te etiqueta como superficial. Pero a mí me gusta su café de verdad, sobre todo cuando ponen caritas sonrientes o corazones en mi nombre. Soy así, me gustan los pequeños detalles.

Tres horas en el coche con nuestros amigos nos llevaron hasta el Santuario de la Mariposa Monarca, aparcamos fuimos al baño y compramos nuestras entradas. Un pequeño paseo con un desnivel muy ligero de media hora te lleva ante el espectáculo de la naturaleza más magnífico que pueda haber. Millones de mariposas reposan relajadas en los árboles, ante la brisa que mandan los cielos reaccionan en una ligera danza caótica de colores: el de sus alas y así puedes quedarte fascinado/a durante horas. En ese fino vaivén de colores, aleteos y tesoros, miras con un poco de envidia sana a aquellos agraciados que son el punto de reposo de las mariposas.

Fue un día intenso, comimos en el mirador que hay en el camino, allí hambrientos y ante la gran vista del valle y sus montañas devoramos unos sándwiches veganos que preparamos en casa, unas peras y algo dulce.

Por la noche fuimos a cenar una deliciosa pizza vegana en Utopía ya de vuelta en DF, os recomiendo la Poblana. Muy cansados después vimos en casa Chef Table en Netflix y disfrutamos de una noche juntos todos.

Día 6: Domingos de deporte y Superbowl

Nos despertamos pronto y desayunamos como solo los alemanes – Christian y Maria lo son-, saben hacer: con un montón de deliciosas cosas. Necesitábamos coger energía para nuestra actividad por la mañana: ir en bicicleta. Y es que en Ciudad de México todos los domingos de ocho de la mañana a dos del mediodía muchas calles se cierran y muchos trabajadores se dedican a permitir la libre circulación de las bicicletas. Es una manera muy eficiente de promover el ejercicio en familia y disminuir la contaminación durante un periodo de tiempo.

Así que pasamos horas en la carretera con las bicicletas, entre niños que aprendían a usarlas, gente en patines y patinetes, dueños que iban en bicicleta y perros que corrían al lado de estas. Acabamos la ruta cerca del jardín botánico, que aunque no era muy destacable fue un agradable paseo hasta llegar al castillo en Chapultepec.

Después de parar brevemente a escuchar nuevamente esas serenatas tan románticas que los mexicanos llevan en el alma, volvimos a casa a preparar la comida. Por la tarde dormimos todos una siesta como -ahora sí- solo los españoles sabemos hacer.

Pues por la tarde nos esperaba una super experiencia, vimos la Superbowl en los cines Cinemax, con cantidades ingentes de palomitas, patatas y todas las guarradas veganas que os podáis imaginar. Momentos llenos de emoción ya que defendíamos equipos diferentes: mientras Christian y Maria motivaban a Kansas City, Martin y yo vitoreábamos a San Francisco.

Pronto nos íbamos a dormir, al día siguiente nos esperaba otro avión, esta vez hacia Chiapas -Tuxla Gutierrez-, pero esta parte la explicaré el próximo jueves.

Día 7: Teoatihuacan

La gruta

Al volver de San Cristobal de las Casas a Ciudad de México no nos podíamos creer que volviésemos a España en dos días. Teníamos un gran sentimiento de pena  y desconcierto, muchos sentimientos resonaron en este país y parecía mentira que nos tuviésemos que adaptar otra vez a un nuevo lugar.

Una vez visitados los mayas en el sur de México y los aztecas en Ciudad de México ahora les tocaba a los fundadores de todo, los indígenas que estaban incluso antes que los dos mencionados anteriormente: los teotihuacanos.

Para ello conducimos dos horas hasta el lugar que el propio nombre indica y estas son nuestras recomendaciones para una buena experiencia:

  1. 14:30 llegada al restaurante “La Gruta” si no tenéis reserva, suelen tardar media hora en darte mesa. 
  2. 15:30h show en el restaurante de danzas prehispánicas y coloniales.
  3. 18:00h dirigirse hacia la entrada de los templos.
  4. 19:00h empieza el show nocturno (reservar con una semana de antelación mínimo)
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En este show podréis hacer un tour nocturno con audio guía que os sitúe en el contexto del lugar, un guía presencial os guiará también. Al final podréis ver una proyección increíble con música sobre el Templo del Sol que os explicará la historia con unos bellísimos audiovisuales. Consejos:

  • Llevad ropa de abrigo e incluso una mantita.
  • Id al baño antes, allí no tendréis mucho tiempo.
  • Reservad el tour nocturno e incluso el restaurante antes si podéis.

Día 8: Adiós México

Este día era el último así que repasamos en bicicleta nuestros lugares favoritos, fuimos al Zócalo a ver las ruinas aztecas y desde el rooftop tomamos unas bebidas refrescantes. Nos despedíamos del lugar con mucho apego, creo que me sorprendí a mi misma con el cauce de mis pensamientos y el amor que desarrollé por muchas cosas del lugar. Comimos por última vez en el delicioso Vegamo y fuimos a por las maletas, un Uber y directos al avión.

Esta vez me tocó en pasillo, a mi izquierda una señora anciana mexicana iba con su nieta en ventana. Íbamos con retraso y para la hora del despegue yo estaba viendo en mi móvil la película de Frida Kalho. Justo cuando empezábamos a coger altura y la silueta de la ciudad asomaba en un adiós yo escuchaba una de mis canciones favoritas “La Llorona”.  Y no sabéis lo que lloré, los lagrimones resbalaban por mis mejillas de gratitud, la señora a la que me he referido anteriormente me mira y se pregunta por qué lloro, pero no habla, simplemente me mira y me sonríe con ternura. Casi como si me entendiese, todo el mundo parecía hacerlo excepto yo. 

La guinda de la humanidad: cita con Uber

En uno de los trayectos hacía el aeropuerto nuestro conductor era un hombre muy delgado, con piel morena y suave con pelo cano y ojos antiguos. Se sentó en el asiento conductor y nos confirmó el lugar de destino, al cabo de unos segundos de silencio absoluto nos pregunto:

“¿Qué canal de radio desean escuchar?” -dijo el conductor-.

“El que a usted más le guste” -le contesté-.

“Uy yo solo escucho música romántica.” -dijo muy serio mirando al frente-.

“Eso sería perfecto.”

Y así es como tuvimos nuestra primera cita en coche con el dulce señor de las serenatas mexicanas, con amores imposibles, traiciones imperdonables y finales felices. Para mi fue uno de mis momentos más románticos con la vida.

Cuando nos recogieron del aeropuerto otra vez en Ciudad de México el conductor de Uber empezó a hacernos preguntas de cortesía sobre nuestra estancia en México: le explicamos lo que ya habíamos visitado. Él nos dio otra lista de lugares maravillosos que era necesario visitar y yo le miré pensando no me quedan más días para estar aquí, casi con desesperación.

Entonces dijo las palabras mágicas: “Habéis oído la leyenda de La Malinche” y para mi leyenda y mujer son un aliciente para tener toda mi atención. Entonces me contó la historia:

“Cuando Hernán Cortés llegó a estas nuevas tierras se enamoró de muchas cosas, entre ellas de una mujer. Su nombre era Malinche y hablaba varias lenguas indígenas, ayudó a los recién llegados a comunicarse con las tribus indígenas del país. Esto permitió que el encuentro entre los hispanos y los indígenas no fuese tan sangriento. Pero esta historia también va de amor: Malinche y Hernán se enamoraron y además se casaron, ella se quedó embarazada y todo parecía de color de rosa. Hasta que se enteró de que Hernán Cortés cortejaba a otras mujeres, dicen que entonces ella se volvió loca y que cuando concibió a su bebé lo tiró a un río. Pasados los años un gran sentimiento de culpa la inundó y una vez muerta ese sentimiento sigue manifestándose hoy en día. Dicen que cuando es de noche y las calles ya están abandonadas puede que escuches a una mujer gritando con desesperación: es La Malinche que grita por su desgraciada vida”.

El coche está a oscuras, la propia ciudad lo está. De fondo se escucha una lista de música que el conductor a puesto y que por el contexto de la situación le da dramatismo. Entonces el conductor nos mira directamente a los ojos a través del retrovisor y nos dice:

“Yo la he escuchado… y sus gritos te quitan el sueño” dice con voz profunda, Martin se estaba conteniendo la risa escéptica y yo estaba atrapada en la seriedad de la situación. Son esos pequeños momentos que la vida te regala, como si un mayor nos contase una historia de miedo y como buenos niños nos hubiésemos quedado pasmados. Toda una aventura viajar con Uber en Ciudad de México. 

Thank you guys for so much love

México: Yucatán, Quintana Roo y Campeche

Un viaje durante 10 días

México lindo, lindo su paisaje, lindas sus personas y lindo todo lo que su sol baña. Este viaje va a ser dividido en tres publicaciones, esta siendo la primera se va centrar en un viaje durante diez días en la Península de Yucatán.

Lo cierto es que antes de llegar con el avión a su aeropuerto mis prejuicios me decían que era un lugar puramente turístico. Viniendo de la isla de la cual provengo no me llamaba la atención una destinación con las mismas vibraciones. Pero México es lindo y lindamente te va a sorprender. 

Llegué desde las nubes y un mar verde fue lo primero que captó mi retina, mis pupilas se dilataron ante la selva más extensa que había visto desde hacía mucho tiempo. Mi corazón se estremeció de placer al ver que aún quedaban sitios tan salvajes y cuando bajé del avión y su sol bañó mi piel no pude más que sonreír hasta que me dolieron las comisuras.

¿Cuándo ir?

La verdad es que a gusto del consumidor: hay que tener en cuenta que aquí los meses de junio a septiembre hace mucho pero que mucho bochorno, es tiempo de mosquitos y de lluvias. Los meses de diciembre a febrero diría que son maravillosos, una temperatura perfecta aguarda en cada rincón de la península. También hay que tener en cuenta la época de huracanes de mayo a diciembre. 

¿Cuántos días?

En mi caso fueron 10 días, pero lo cierto es que me hubiesen encantado un par más. Creo que en esta situación depende mucho de tus intereses.

 Si lo que deseas es estar tumbado bajo el sol sin muchas complicaciones con una semana tus pilas estarán bien cargadas. Si lo que deseas es explorar la península necesitas mínimo 10 días para poder abarcar muchos lugares, no tendrás mucho tiempo de descanso pero será el suficiente para la aventura. Por otro lado, si quieres vivir todas las aventuras que aquí se pueden disfrutar creo que vas a necesitar más de 15 días, y ponle tres más de descanso en la playa.

Transporte:

Nosotros viajamos desde Ciudad de México con Vivaerobus -no es mi compañía favorita- pero si podéis viajar con Interjet mejor, os lo recomiendo.

Una vez aterrizamos alquilamos un coche con la empresa Avant Car, ellos nos vinieron a buscar al aeropuerto y nos llevaron hasta su compañía. Allí nos explicaron muy bien todo, el pago fue muy fácil (y es definitivo a diferencia de las otras compañías, donde no te muestran el precio final), nos dieron consejos de seguridad muy importantes y después recogieron el coche en el hotel. 

Al final del viaje nos movimos en autobús -pues los taxis son muy caros-, desgraciadamente google maps no te ayuda en este viaje, pues no tienen señalizadas ninguna de las rutas que estos hacen. Nosotros preguntamos a los lugareños, hoteles, y junto con nuestro instinto llegamos a buen puerto.

Mimos en el coche mientras recorremos

Hospedaje:

Durante el viaje yo quería experimentar diferentes tipos de hospedaje, de hecho visitamos varias arquitecturas que especificaré durante cada día. Pero México tiene mucho que ofrecer así que no te lo pierdas.

Seguridad:

En Yucatán nos sentimos seguros todo el rato, la policía era muy amable y no tuvimos ningún problema. Si es cierto que impresiona bastante ver los controles en las carreteras o cuando te preguntan cosas, pero no tuvimos ninguna mala experiencia. 

Cosas a tener en cuenta:

  • Tips y dinero en general: sobre el presupuesto que tengas para este viaje añade una cuarta parte más, pues siempre te van a ocurrir gastos extras como propinas -en todos lados presentes- o extras -muchos lugares añaden pagos extras cuando menos te lo esperas-.
  • Efectivo: son muchos los lugares donde no aceptan tarjetas (como la autopista), así que asegúrate de tener en efectivo lo que necesites, más vale que sobre que no que falte.
  • Gasolineras: mirad bien vuestro depósito de gasolina y tened localizadas las gasolineras cuando las vayáis a necesitar. 
  • Hospedaje: el equilibro es la clave, creo que lo ideal es mirar si los sitios a los que queréis ir tienen mucha demanda. Si veis que es así no dejéis el hospedaje para último momento (lo mismo con las experiencias). Pero si no es el caso aconsejo dejarse llevar por la corriente, muchos días me entristecí por dejar atrás un lugar en el que me hubiese gustado pasar más días. 

Día 1: Playa del Carmen

Después de alquilar nuestro coche decidimos que la playa era un buen lugar para empezar -lo cierto es que estábamos ansiosos por tocar las aguas caribeñas-. Para mala suerte nuestra en Playa Delfines había bandera roja y unas olas nada sumisas, de hecho metí un poco las piernas en la orilla y rápidamente me sentí arrastrada hacía el interior. 

Así que tomamos un rato el sol y nos fuimos a nuestro hotel en Playa del Carmen, era viernes y había mercadillo artesanal y local en el H. Ayuntamiento de Solidaridad Palacio – lo podéis encontrar viernes y sábado– Está al lado de nuestro hostal, fuimos allí nos maravillamos con los puestos de comida -vegana también- y puestos de joyas y objetos artesanales preciosos. Bailamos un poco de salsa a la luz de la luna y nos fuimos a dormir pronto listos para el día siguiente.

Hospedaje: Típica casa mexicana de paredes coloridas: Hotel Casa de las flores- https://casa-de-las-flores.hotelsplayadelcarmen.net/es/

Hotel Casa de las flores

Día 2: Xcaret

No te lo puedes perder, una de las mejores experiencias del viaje, no me cansaré en decirlo. Xcaret es un parque de atracciones, tienen varios en la zona con temáticas diferentes pero creo que este es el principal y por el que aconsejaría comenzar. 

Imitando a los pájaros que teníamos detrás.

Es un parque diferente a los que yo había estado hasta la fecha, dentro del recinto tiene diferentes rutas que te guían según la temática por diferentes partes del lugar. Los animales que allí viven han sido rescatados de la mano humana o se han criado directamente allí -la intención es reintroducirlos a todos en la naturaleza-, y mientras educan a los visitantes forman parte del escenario del lugar.

Mi consejo es el siguiente:

  1. Llega pronto y ve primero a completar las atracciones de agua, mi favorita es la ruta en snorkel por el rio natural. A lo largo de la mañana se llena mucho y puede que no te dé tiempo de hacerlo todo.
  2. Mira qué cursillos quieres hacer y organízate -ponte una alarma y no te olvides de llevar un mapa del lugar contigo para no perderte-.
  3. Mira qué espectáculos quieres ver y sigue el mismo procedimiento que el punto anterior.
  4. Divide las rutas a lo largo de la mañana y deja un espacio para la hora de comer.
  5. Comida: nosotros te recomendamos que cuando compres tu entrada también compres tu derecho a una comida. El que más opciones veganas tenía para nosotros fue el restaurante La Laguna.
  6. Por lo que más quieras no te pierdas el espectáculo maya del final, es la guinda del pastel perfecto. Llega pronto para coger asientos, diría que los mejores son los laterales quinta fila centro. Salí de allí con los pelos de punta de la emoción.

Esta experiencia no es la más barata pero sin duda es de las mejores, se la recomiendo a todo el mundo sin excepción, la vais a disfrutar muchísimo. 

https://www.xcaret.com/es/comprar-mi-entrada/

Show Maya

Día 3: Caleta Yal-ku, Cenotes y Tulum

Nos despertamos pronto, desayunamos algo rápido de lo que nos sobró el día anterior y fuimos a la caleta Yal-ku estuvimos buceando en aguas no tan claras como las del Mediterráneo pero sí que vimos muchos peces preciosos de colores increíbles.  Pasamos una mañana muy tranquila y agradable en las orillas de esta caleta, fuimos tan pronto que éramos los únicos. Pagamos una entrada (muy cara a nuestro parecer, de hecho se supone que nadie tiene derecho a cobrártela pero no nos pusimos a discutir con nadie).

Caleta Yal-ku
Primer cenote

Más tarde fuimos a los primeros cenotes de nuestra vida: Cenote dos Ojos, fuimos al pequeño primero y fue mi favorito. Primero le pedí a Martin que me grabase nadando, y como quería salir bonita no me puse las gafas así que no vi nada. Segundo me puse las gafas de buceo y me volví a meter al agua, cuando saqué la cabeza pegué un grito, no sabía que había allí abajo. Una cueva submarina muy oscura era lo que no había visto, me asusté muchísimo pero luego me quedé maravillada. Estuve como quince minutos sumergida de pie mirando como los buzos iban y venían por la cueva. 

Para la hora de comer llegamos a Tulum, yo me encontraba muy mal, mi cuerpo se liberó de tensiones y tuve los peores calambres menstruales de mi vida como mujer. Pero bueno, los pasé en parte en una cama balinesa en la playa de Tulum con música en directo. Comimos una ensalada y unas verduritas a la brasa, sazonadas, como no, en chile y limón. Dos horas más tardes mi dolor era excruciante, no sabía en qué posición ponerme, así que le pedí a Martin que fuésemos a lo primero que se pareciese a una farmacia -no soy nada de medicarme pero ese dolor era horrible-. Quince largos minutos después yo no descartaba que algo estuviese matándome por dentro, llegamos a una farmacia y nos vendieron Espadiva -en veinte minutos me quitó todos los dolores-. Lo que es más, me llevé de vuelta a España las pastillas porque me parecia una aberración abandonarlas.

Tubohostel

Horas más tarde y en una zona horaria diferente llegamos a Xpujil (Campeche), el pueblo de noche daba miedo, pero lo cierto es que nuestro hotel estaba bien amurallado y lo recomiendo totalmente. Cuando llegó el día ya todo nos pareció mucho más normal. La noche tiene estas cosas, de hecho yo siempre digo que tengo reservas cuando llego a algún lugar de noche, todo parece más misterioso u oculto. También puede ser que haya visto demasiadas películas o series y que Netflix esté expandiendo mi capacidad de paranoia. Después de una ducha rápida nos fuimos a dormir, la aventura del día siguiente era muy importante para Martin y necesitábamos fuerzas.

Hospedaje: hostal tipo americano muy barato pero seguro e higiénico. Hotel Xpujil.

Día 4: Los secretos de Xpujil

Calakmul desde el rooftop de un templo

Veinte minutos hasta la entrada y su primer pago, cuarenta y cinco minutos después selva adentro y otro pago más te deja en el parque de Calakmul. Y aquí señoras y señores podrán ver restos arqueológicos mayas. Vinimos a estos porque Chitzen Itza nos parecía muy lleno de turistas, y nos apetecía un poco de aventura. Así que nos fuimos hasta Calakmul, en el interior de la selva tropical, para experimentar la belleza más salvaje y antigua. Planeamos una caminata de cuatro horas (hay otras más cortas), pero creo que hicimos menos, vimos templos casi engullidos por la naturaleza, templos erguidos ante el mismo sol y ciudades sin caparazón – es decir podías ver la estructura como si fueses un/a explorador/a-.

Después de comer unos sándwich mirando a nuestro alrededor por si un puma aparecía, fuimos a una cueva escondidísima (te dan las instrucciones en el hotel) en la que podrás observar a las cuatro y media de la tarde como tres millones de murciélagos en siete diferentes especies salen de la misma a buscar comida. Un espectáculo de organización, algún murciélago despistado que cayo sobre mi cabeza, otro que chocó con los genitales de un señor… pero vamos que dos de tres millones no está nada mal. 

Nosotros siempre llevamos con nosotros nuestro GPS marca TomTom que nos ha salvado de alguna que otra situación que nuestro móvil no ha podido. Pero después de todo ese día de sensaciones increíbles Martin estaba muy cansado y aún nos quedaba conducir hasta Bacalar. Nos equivocamos poniendo la dirección del hotel en el GPS y acabamos metidos en una especie de “feixa” enorme donde se encontraban pueblecitos muy humildes. Como he dicho antes la noche no ayuda a verlo todo más bonito a veces, así que alucinamos un poco en como había aldeas de treinta habitantes y todos ellas tenían un techado para jugar a básquet. 

Once de la noche, llegamos por fin a Bacalar, una manada de perros salvajes nos recibieron y yo los habría adoptado a todos. Martin me cogió del brazo más de una vez diciendo “No ves que no…” y yo pensando: “¡Ay! Serian unos hermanos maravillosos para Lecker”. En fin, esté hostal era bastante único: dormíamos en tubos. Nos pareció una idea muy divertida, hasta que me tuve que poner el pijama y el suelo era como un tubo gigante, la logística era un poco complicada. Pero estaba tan cansada que me vestí de cualquier manera y me dormí en segundos.

Hospedaje: dormimos en cabinas independientes de baños compartidos, ambiente juvenil y dormíamos en tubos. Kulu Tubohostel Bacalar – https://kulu-tubohostel-bacalar.hotelmix.es

Día 5: Laguna de Bacalar

Cuando Martin y yo viajamos nos encanta verlo todo así que no paramos, en viajes tan largos hay que gestionar la energía muy bien o se acaban sufriendo malestares. Así que después de toda la energía gastada los días anteriores, en Bacalar nos lo íbamos a tomar en calma. 

Laguna de Bacalar

Bacalar es uno de los lugares en los que me hubiese gustado estar un día más, pasamos toda la mañana en la laguna -pagamos una entrada de 100 pesos p/p (5€)-, estuvimos un rato tomando el sol, yo escribiendo, Martin leyendo y cuando nos cansamos cogimos nuestras gafas de buceo y caminamos por el lateral corriente arriba. Las aguas más azules que he visto jamás, el fondo es blanco, hay unas piedras que actúan como la posidonia del Mediterráneo y deja el agua limpia. Después de andar quince minutos simplemente nos pusimos las gafas y nos enganchamos como un tren -Martin se agarró de mis tobillos y yo me dejé llevar por la fuerte corriente-, acabamos donde todos estaban tomando el sol. Fue maravilloso ver el sencillo fondo y relajarse dejándose llevar por la corriente. Al final nos tumbábamos en unas hamacas en medio del agua y nos relajamos allí una rato hasta que yo empecé a hacer el tonto colgándome como un mono de la hamaca y decidí que el sol ya me había dado suficiente en la cabeza.

Mango y Chile

Tenía un hambre voraz, me apetecía mucho fruta y comer algo vegano rico. Así que fuimos al restaurante Mango y Chile y allí bebimos batidos de frutas maravillosas y compartimos una hamburguesa y tacos. 

Una cosa que nos caracteriza a Martin y a mi a la hora de salir a comer es que siempre compartimos platos. El se pide uno y yo otro, nos comemos la mitad del nuestro y luego cambiamos, así probamos más platos diferentes y tenemos excusa para discutir quien escoge mejor -obviamente yo-.

Por la noche llegamos a Mérida y nos fuimos a dormir muy a gusto.

Hospedaje: hotel de estilo colonial influencia de cuando los españoles llegaron a la zona. El Gran Hotel – http://granhoteldemerida.com/mx/

Día 6: Mérida

Nos despertamos y paseamos por las calles aún dormidas de Mérida, desayunamos en un pequeño local muy bonito, antes vegano ahora ya no, pero nos adaptaron y crearon algún plato para que pudiésemos comer -linda gente mexicana-.

A eso de las diez nos apuntamos a un bus tour llamado “Carnavalito La Gua Gua” (6€ si compráis los tickets en taquilla ya que por internet te cobrarán el doble) -no solemos hacerlo pero el colorido de este era tan autentico que prometía ser diferente-, nos dimos cuenta que nada era muy antiguo allí si lo comparamos una ciudad media europea, pero nos pareció muy interesante como explicaban las cosas.

A la hora de comer fuimos a Apapacho un restaurante vegano que además es un museo de murales, tiene una librería feminista y una tienda pequeña de productos naturales. Probamos el mole – una salsa a base de cacao-, que no nos gustó mucho, tendremos que probar más, pero la demás comida estaba exquisita. 

Por la noche paseamos un poco más y nos fuimos a dormir, el día siguiente nos esperaba otro pueblo.

Si hubiese tenido más presupuesto les hubiese comprado algo. Todo a mano y verdaderas piezas de arte.

Día 7: el descanso de la guerrera

Cenote Samula

¿Sabes cuando encuentras una cafetería que te encanta, te hace sentir cómoda y la comida está buena y al que vuelves muchas veces? Pues eso nos pasó en Elela Vegan Organic mientras estábamos en Valladolid. Por la mañana vistamos el cenote Samula y nos bañamos un rato allí.

Después fuimos al hotel que fue más una experiencia que un simple hospedaje, el Hotel Zentik es un pequeño secreto: es rústico a la vez que costero. Pero aún más que eso digamos que tiene hasta una leyenda por la que podéis preguntar en recepción. También hamacas por todos lados, habitaciones preciosas y perfectas para un retiro y hasta zona nudista. Pero mi parte favorita esta abajo, en la cueva, una gruta artificial pero maravillosa de agua caliente

No os voy a contar la leyenda porque hay que vivirla pero solo os diré que por la madrugada me levante, busqué la magia del lugar y más tarde me metí sola en la cueva. No había nadie, fueron cuarenta y cinco minutos de meditación profunda, donde mucha información de futuros proyectos aún secretos se desvelaron.

Delicioso desayuno, maravilloso servicio y sensaciones de relax nos hicieron sentir muy a gusto. No hace falta decir que dedicamos todo el día allí, entre el relax y los pequeños impulsos de saltar al agua de la cueva o de la piscina.

Hospedaje: Hotel Zentik – https://www.hotelzentik.com

Día 8: Valladolid

Este fue el día en que realmente visitamos el lugar, paseamos por sus calles y poco más. Lo cierto es que con medio día tenéis suficiente según mi punto de vista. Si es de noche mucho mejor, porque hacen una bonita proyección en la fachada del Convento de San Bernadino de Siena y hay una calle perpendicular a este que de noche se llena de vida, tiendas bonitas muy auténticas donde comprar suvenires y restaurantes donde cenar y bailar con música en directo.

Convento de San Bernadino de Siena

Día 9: Holbox 1.0

Pronto por la mañana Martin quería ir al cenote Zaci a bañarse un rato, está en medio de la ciudad y solo costaba dos euros. Después y en nuestro coche de alquiler subimos hacía Holbox, dejamos de respirar durante media hora, pues nuestra situación era: depósito en reserva y la gasolinera a treinta minutos. No sabéis la angustia que pasamos pero fue ver llegar el cartel luminoso de gasolinera y una bocanada de aire salió de nuestros pulmones. Nosotros que ya estábamos gestionando la logística de “Bueno pues tu te quedas en el coche con las maletas y yo voy corriendo hasta la gasolinera” Obviamente la de correr no era yo. 

Calles de Holbox

Después de llenar el depósito llegamos hasta Chiquilá, allí se aparca el coche en un parquin vigilado y caminamos diez minutos hasta el ferry que nos costó 200 pesos por persona por trayecto (10 euros). Treinta minutos después llegamos a la isla y vi el cielo, casi literalmente: porque la sensación es justo esa que estás buscando cuando quieres ir a una isla con gente pero, la justita para que no pierdas el punto paradisiaco. 

Comimos en un restaurante que no os voy a recomendar y después de hacer el check-in en el hotel fuimos directos a la playa. Paseamos un trozo, hablando reconectando mucho -echaba de menos hablar con Martin sobre tonterías que nos importan y planes de futuro que nos ilusionan a los dos-. Al final veíamos la puesta de sol desde un chiringuito con música en directo “Rock británico” muy Martin style y allí pedí un “Margarita para la señorita”. La puesta de sol estaba en su color perfecto, unas tonalidades doradas que iluminaban hasta la arena, así que como el buen rollo estaba en el aire me levanté y saqué a bailar a Martin -nadie más bailaba pero nada más importaba-. 

Por la noche después de cenar unos noodles de verdura paseamos por el pequeño pueblo, bailamos en un bar al aire libre y llamamos a un taxi que son como carritos de golf. Le pedimos que nos llevase hasta Punta Cocos para ver la bioluminiscencia. Nos quedamos con el número de teléfono del taxista para que nos viniera a recoger -teníamos número de teléfono mexicano-, ya que éramos los únicos en la playa y no había tráfico ni nada. Cuando llegamos a la orilla no vimos nada especial pero un regalo de la naturaleza que no sabría explicar científicamente nos esperaba -os lo resumo en que cuando hay olas y esta muy oscuro allí se puede ver luces en el agua-. Nosotros llegamos al final de la temporada de este acontecimiento así que en principio no vimos nada porque no había olas. Pero Martin se desnudo salto al agua y se puso a saltar como un niño pequeño, del agua que chocaba con su piel pequeñas chispas de luz resucitaban y yo miraba el espectáculo desde la orilla. Después el taxista nos vino a buscar y volvimos al hostal a soñar con el día siguiente.

Playa Holbox

Día 10: Holbox 2.0

Nos despertamos y fuimos a Clandestino Café una maravillosa cafetería a beber un riquísimo latte de avena y comer unas deliciosas tostadas de aguacate. Escribí durante un rato ya que la inspiración me atacó mucho durante este viaje. Más tarde fuimos desde nuestro hostal hasta Punta Mosquitos andando, mi parte favorita fue andar en el agua que te llegaba hasta las rodillas. Os recomiendo ir pronto para ese efecto sin turistas, Martin y yo estuvimos hablando largo y tendido sobre uno de los proyectos que me tiene muy ilusionada y la recompensa fue llegar al paraíso. Nos tumbamos muy a gusto en la arena casi blanca, remojados en el agua turquesa y medio secos por el cálido sol y así estuvimos un rato hasta la hora de comer donde fuimos a El Encuentro.

Punta Mosquitos

Un par de horas más tarde estábamos en el ferry de vuelta a nuestro coche, tristes por dejar Holbox y el paraíso que suponía. Pero estábamos deseosos de continuar el viaje, un par de horas después estábamos en Cancún en un muy bonito localizado cerca de la estación de autobuses principal de la ciudad que nos daba libertad…  nos duchamos y nos fuimos a dormir. Al día siguiente nos esperaba una gran aventura.

El Encuentro

Día 10: Submarinismo en Cancún (MUSA) y el seísmo.

La emoción hizo de despertador. A las ocho estábamos en pie y a punto de desayunar, fuimos hasta el punto de encuentro acordado y vinieron a recoger el coche -nos despedimos hasta con pena de nuestro fiel carro-, y entramos en las instalaciones preparados para rellenar papeles.

Nosotros ya habíamos buceado en Ibiza antes (bautizo), porque así ya teníamos la confianza de hacerlo con un poco más de soltura ahí. Y la verdad es que se notó la diferencia, porque nos movimos como peces bajo el agua, un buen instructor nos dio muchas recomendaciones buenas y juró por su honor que no nos iba a abandonar en ningún momento.

Di lo que se llama el paso de gigante y el agua inundó todos mis sentidos, de repente me sentí muy liviana y seguí la cuerda hacía abajo haciendo compresiones en mis oídos. Bajamos diez metros y yo jugando a ser una sirena de H20. De repente el agua  se sentía hogar y las estatuas empezaron a aparecer a nuestra vista, no puedo explicar el respeto que me vino en el alma cuando las vi allí entre corales nuevos y caras fantasmales. Toda estatua con una historia y como si fuesen los restos del la misma Atlántida. Los cuarenta y cinco minutos más rápidos de mi vida, de repente ya volvía a estar en la lancha. 

Segunda inmersión, el arrecife chico, pero de pequeño nada, rocas con miles de especies animales y corales que no había visto jamás. Bancos de peces a los que me sentí atraída a nadar con ellos. El monitor me paró, gracioso que yo ya me sentía tan en casa. De repente un ruido como si una gran lancha pasase por encima de nosotros llamó nuestra atención, miré hacía arriba “nada”. Dos segundos después un banco de peces pasó “volando” por nuestro lado, digo eso porque en un segundo los vi y dieron dos aletazos y ya no los vi. El monitor, Martin y yo nos giramos asustados pensando que venía un megalodón. Pero otra vez nada.

Después de otros cuarenta y cinco minutos ya estábamos en la lancha otra vez y la primera pregunta que nos hacen es :

“¿Lo habéis sentido?” 

“¿El qué?”

“El seísmo, viene desde Cuba y ha atravesado Isla Mujeres hasta también nosotros”

Pues imaginaos la cara nuestra: incredulidad, nosotros tan tranquilos y ahí un seísmo. 

Una vez en tierra el hambre nos atacó, ya sin coche usamos el autobús hasta llegar al restaurante Veggie 2 Go donde comimos. Al llegar al hotel nos duchamos a duras penas y nos tumbamos en la enorme cama, vimos películas lo que quedó de tarde y nos fuimos a dormir.

Vegan Hot Dog

Día 11: Gracias Yucatán, Quintana Roo y Campeche

Por la mañana nos desperezamos, subimos a la piscina pasamos allí un rato y nos fuimos a la estación de autobús con dirección al aeropuerto. Lo que más pena me dio fue despedirme de la jungla y de su naturaleza más salvaje. Como ya he dicho miles de veces las despedidas no se me dan bien, pero los recuerdos se graban en mi mente para siempre. 

La guinda de la humanidad

Hay tres cosas que me pasaron en este viaje que quiero mencionar con mucho amor. 

El primero fue en Caleta Yal-ku. Mientras Martin y yo intentábamos ver que nos ocultaban las profundidades marítimas vino un grupo de turistas con guía. Él, al vernos intentando mantener el equilibrio en una roca mientras limpiábamos las gafas de buceo -quien dice limpiar dice escupir saliva en ellas para que no se empañen-, se ofreció a ayudarnos a limpiar las gafas. Yo ya tenía miedo que fuera a escupirme en las gafas pero arrancó unas hojas del manglar que teníamos al lado, se las metió en la boca y empezó a masticar. Entonces puso una cara de asco y repulsión y se puso a despotricar como un marinero del mal gusto que tenían las hojas. Luego restregó el jugo en nuestras gafas y nos las devolvió. No hace falta decir que no se nos volvieron a empañar. 

Lo que quería destacar es que no éramos de su grupo, el no tenía por qué pasar un mal rato masticando aquello y tampoco nos pidió propina. Lo hizo porque quiso y lo hizo desde el buen rollismo y la simpatía. ¡Qué lindo es México y qué bonitas son sus gentes!

La segunda historia fue en Bacalar. Por la mañana fuimos a desayunar, nos prepararon un desayuno vegano improvisado muy rico y nos sentamos en una de las mesas bajo el sol. Una señora en la mesa de al lado lleva chaqueta y yo voy en tirantes, la miro me mira y le sonrió. Tres segundos más tarde empezamos una conversación sobre el tiempo y lo diferentes que somos a la hora de tolerar las temperaturas. Para mí era verano para ella era invierno. Cuando supo que era española me pidió consejo porque venía a Europa y no sabía por dónde pasar desde Portugal a Bruselas, yo he hecho la mitad de ese viaje así que entablamos una conversación sobre ello a la que se unió el dueño del hostal. 

Momentos bonitos entre lugareños que me hicieron feliz y me aportaron mariposas en el estómago.

La última historia que os quería contar fue en Cancún. Martin y yo estábamos comiendo en un restaurante vegano muy escondido y apareció una mujer y su marido cantando. Pedían propina por ello, nosotros ya de bajo presupuesto les dimos algo. Yo estaba un poco incomoda porque éramos los únicos en el restaurante y no les íbamos a dar mucho, intentaba centrarme con la comida pero de repente ella cantó. Tenía una voz preciosa, y me dio tristeza no reconocérsela, cuando acabó la mire, sonreí y aplaudí. 

Entonces me di cuenta que ella estaba nerviosa y que estaba pasando un mal rato, supongo que se sintió comprendida por mi reacción y se lanzó a mi en un largo abrazo y me dio las gracias. No sé que reflexión hacer de esto pero supongo que tiene algo que ver con el apoyo humano, femenino y simplemente con el amor.

Gracias.
Por el calor, por la vida salvaje y por ser simplemente así.

Oda a México

Tengo una libreta preciosa verde llena de garabatos y una lista en bruto de cosas que os quiero hablar. Pero no puedo. Estoy aquí sentada en una hamaca en el hostal más tierno de la historia, comparto jardín con otros huéspedes y estamos todos en un harmonioso silencio acompañado. Un señor mayor cojea con su pizza y me pregunto si se sentirá solo, la chica que esta a mi lado está tan cómoda que se está quedando dormida y hay dos chicos sentados en la mesa llena de flores que no paran de crear algo en una libreta. Uno de ellos le escribe a su abuela que acaba de fallecer lejos, yo le he dicho que es especial que esté en este país donde la muerte es algo tan bonito. Delante de mi hay un pozo de los deseos y yo ya sé cual pediré: volver. 

De alguna manera fui criada en base a los sentimientos, o estos me salvaron de un mundo a veces con demasiadas sombras. Pasé mucho tiempo escribiendo cuando era pequeña y luego llegó la adolescencia y me bloqueé. Dejé de escribir, la fuente de sabiduría interior que siempre me había acompañado parecía seca y mi creatividad no era más que una hierba mustia en el suelo de la fuente. Esta igual es una manera muy poética de decir que simplemente estaba aprendiendo lo que la sociedad quería de mí y yo me estaba esforzando mucho en pertenecer, a todos, excepto a mi misma.

Llegaron momentos más duros -como a todos nos pasa- en los que mi modo de supervivencia activó un instinto muy primitivo “la huida”. Viajar se convirtió en mi manera de alejarme de lo que me dolía, me sentía muy conectada a la naturaleza, las personas y el aura de lugares lejanos. Un rasgo muy característico en mí que igual no digo en voz alta -hasta ahora claro está-, es que siempre he sido por naturaleza antropóloga. A veces me quedo embobada mirando a alguien, observando como se mueve, como reacciona, y como interactúa con su entorno. Esto me ha servido mucho para “calar” a las personas, para sentirme atraída a ellas o aprender a ser mejor persona aunque, como todos también, me he llevado sorpresas no tan buenas. Pero a día de hoy viajar es mucho más: son las ventanas que el mundo me abre y que su imagen refleja quién soy. ¿Irónico verdad?

Antes de México

Así que os pido perdón a los que esperabais otro tipo de artículo, pero necesitaba poner en palabras esto antes de que el tiempo me lo arrebate de la mente. Lo que me ha pasado en México era muy poco esperado, fui poco emocionalmente preparada. Este viaje me pilló como oasis en el desierto, en un momento muy visceral de mi vida -toda mi vida es muy a flor de piel-, pero lo cierto es que necesitaba aire.

Yo no organicé el viaje por extraño que parezca -pues casi siempre creo rutas y me meto mucho en el tema- pero como ya he reiterado estaba en un momento muy poco centrada. Así que me subí al avión a ciegas pero con confianza plena en Martin que planifica tan bien o mejor que yo. 

¿En mi mente un borrón de las experiencias que mis allegados me habían explicado pasaba por mi mente como una nube que a veces tapa el sol? A veces me acordaba, a veces no, ideas preconcebidas lo llaman. También venía asustada con las experiencias negativas que algunas personas habían vivido, eso en parte me condicionó. Pero a día de hoy y tres semanas después aún no me ha pasado nada y -por favor toquemos todos madera- esperemos que siga así.

La mirada méxica

Durante México

Carrie Bradshaw vivió un “mexicoma” cuando vino a parar aquí y, aunque en su película lo vivió de una manera, yo -aunque pueda apodar igual el sentimiento- la sentí muy distinta. México me mató de amor. 

Son sus palabras dulces, sus maneras amables y su humildad las que me demostraron que nunca podría ser tan bondadosa como ellos y ellas -y ya sé que en todas las ensaladas hay garbanzos podridos-, pero no estoy hablando negativamente. Hay cosas que me rompieron el corazón aquí de pena pero me di cuenta que hay tanto que no entiendo que no soy quién para juzgar.

En Ciudad de México hemos vivido con nuestros amigos alemanes y desde que conocí a los amigos de mis amigos -el primer día- mi perspectiva cambió mucho. Estaba en un rooftop manteniendo una profunda conversación sobre la ética humana cuando hice la pregunta que me moría de ganas de hacer ¿Qué pasa en México para que no prosperéis como la sociedad espera? Cuando empecé a escuchar todas las razones me di cuenta que no sabía nada, que la historia de mis libros no está bien contada -o al menos no está completa-, que las noticias me manipulan muy gravemente y que desconozco todo para venir incluso a este blog y contar nada. 

Fue la humildad con la que me contaban anécdotas o se emocionaban por saber que era española, me preguntaban sobre fútbol -imaginaos mi cara- pues yo sé bien poco del tema. Humildad de verdad, de la que viene de la bondad y la pobreza o de tener solo lo suficiente para vivir, que contrasta con los grandes magnates de México. Un país de contrastes.

La humildad del señor que llevaba la barca

La simpatía de la compañía que nos alquilaba el coche y su preocupación por que nos sintiésemos seguros “Cualquier problema ustedes me llaman si no se sienten seguros”. Su piel morena contrastaba con su sonrisa blanca y esos mofletes que enmarcaban su dulce cara. También el señor que nos ayudó a pagar el parquímetro y nos pidió perdón por no atendernos antes, como si lo hubiese podido evitar.

A la recepcionista que vio el brillo en mis ojos cuando me contaba mitología sobre el lugar y me contó una leyenda secreta entre los trabajadores para saciar mi sed de aventura. No hace falta decir que me levante por la noche como una niña pequeña a explorar a ver si veía algo de esa magia.

Mi monitor de buceo que me cogió de la mano cuando me arranqué las gafas y no podía vaciarlas de agua. Me sujetó con fuerza enraizándome a la situación cuando yo estaba flotando entre el agobio. Además de nuestros amigos que nos dieron todas las facilidades y desayunaron -preparando bonita la mesa cada mañana entre legañas-, comieron y cenaron vegano con nosotros todos los días.

A todas las mayas que me sonrieron con la más brutal de las sinceridades, a ellas desde la feminidad más ancestral, desde su pequeña altura, sus trenzas de colores y su pieles de chocolate “Gracias”. A nuestro guía que empezó con la frase “Yo hoy voy a ser vuestro amigo”, ¡Ay si muchos hombres hubiesen empezado así las reuniones, muchas guerras nos hubiésemos ahorrado!

La sonrisa más bonita la tiene ella

Tampoco me puedo olvidar al señor mayor de la librería perdida, hizo muchas bromas, me contó muchas historias ancestrales y me sacó treinta libros que me podían gustar. Una piel anciana muy apuesta que me baño en toda su sabiduría, al final me dio el libro de las diosas mexicanas. Y tengo un proyecto precioso para ellas. Había una diosa tocando en un tejado cuando vimos el atardecer, acompañados de sus acordes dedicados para sus abuelos fallecidos. 

Me olvido de muchas cosas que puede que con el tiempo recuerde, pero esas me las quedaré para mí. Porque ahora sois vosotros a quienes os toca vivir la calidez mexicana, a vuestra manera. 

Martin dijo una frase que me quedó muy grabada “Creo que los méxicas antes que llegásemos los españoles vivían bastante en paz. Y de esa manera pudieron desarrollar mucho más el arte y menos la guerra”. El arte para mi es algo tan importante: la expresión del humano y ya no tenemos tiempo, porque estamos en constante batalla… 

La artista maya

Después de México

Siempre hago un apartado llamado “La guinda de la humanidad”, para mi es una parte muy importante de cada publicación. Mi intención es mostraros la belleza de la humanidad, la bondad que reside en nuestro colectivo y la facilidad con la que viajar te la aporta.

Voy a escribir pronto -en cuanto revele los cuatro carretes de fotos de mi cámara analógica, seleccione las mil y pico fotos de la cámara digital y edite los miles de videos de la cámara acuática-, mi diario de viaje por todo México, una posible guía para todos vosotros. Lo haré en tres partes: Ciudad de México, Yucatán y San Cristobal de las Casas. Y en cada una de estas escribiré “La guinda de la humanidad” que me haya pasado allí, pero como este viaje ha sido tan visceral aquí voy a poner lo demás.

Jamás me habían aguantado tanto la mirada y lo habrían coronado con una sonrisa amigable, en la calle en los museos, en el baño, en el restaurante… Siempre he dicho que ya no nos sonreímos, nos hemos vuelto desconfiados y soy la primera que acaba desviando la mirada cuando me siento incómoda. Pero existen valientes que aún te miran haciéndote saber que existes.

Me han enseñado lo que es una anarquía de perros, a veces una realidad triste, a veces una situación salvaje y preciosa. También he podido apreciar la sencillez con la que pueden llevar la vida, con poquito de lo que tienen. Pero he pillado unas miradas de amor entre familiares que derretirían el corazón de muchos. 

Nunca entendí cada vez que ponía mi mano en el pecho hasta que aquí me di cuenta que me aguantaba el corazón por todo el amor que sentía. No es que el amor me pesase sino que me sobrepasaba en todos los sentidos.

Laia Wandelrust

No sé qué pasará cuando vuelva a España, no puedo adivinar cómo mo me sentiré, mi presunta teoría es que se me caerán lágrimas, me sentiré un poco triste y querré volver pronto. Me dijeron: “Los méxicas son de piel de maíz y sangre de cacao” ¿Qué bonito verdad? Yo a México me lo llevo en la piel.