San Cristobal de las Casas

El lugar que hay visitar, el sitio que te va a engullir y encantar, las calles que te van atrapar y su arte que te va a enamorar. Todas esas sensaciones y muchas más son las que se viven en San Cristóbal de las Casas. Y si no me crees puedes ver el artículo que me inspiró este precioso lugar y que titulé como Oda a México. https://laiawanderlust.blog/2020/02/06/oda-a-mexico/

¿Dónde está?

El corazón representa San Cristobal de las Casas

¿Cómo llegar?

Nosotros cogimos un avión desde Ciudad de México hasta Tuxla Gutiérrez, allí contratamos en el aeropuerto un shuttle bus que nos llevó hasta la estación principal de autobuses. Entonces un taxi oficial nos llevó hasta nuestro hospedaje y para volver hicimos lo mismo.

Día 1: La noche cerrada

El taxi nos dejó en la puerta del que ha sido uno de los mejores hospedajes de mi vida: La posada del abuelito. Un lugar que me pareció lleno de amor en cada rincón, el jardín que te recibe parece hasta frondoso y cubierto por preciosas lucecitas, hay mesas con flores secas en cada rincón… Hay más, hay hasta un pozo de los deseos en un patio donde también hay hamacas y mesitas bonitas para sentarse, además la cocina tiene un aura especial.

Nada más llegar dejamos las maletas y fuimos a cenar ya que el rugido de nuestras tripas se podía escuchar desde las antípodas del lugar. Cuando empecé a andar por las calles una emoción desconocida me paró la respiración, empecé a sudar, a sentir una presión en el pecho que a la vez este palpitaba alocadamente y yo empecé a sentir pánico. Así que cenamos rapidísimo en el restaurante Todo Vegano -tienen el mejor kombucha– y le supliqué a Martin ir directos al hostal a dormir porque no me encontraba bien. 

Pasadas las semanas una amiga me explicó que esta sensación que me embargó durante todo el viaje o se debía a una vida pasada que mi alma reconoció o estaba sufriendo el Síndrome de Stendhal

Este síndrome es una situación anímica que se desencadena tras observar obras de gran belleza en una misma ciudad y durante un corto espacio de tiempo. También es conocido como el síndrome del estrés del viajero la enfermedad de los museos. Los turistas que lo han sufrido aquejan taquicardia, sudoración, sofocación, tensión emocional, agotamiento y mareo.

Fuente: Diario abc

Día 2: San Cristóbal de las Casas

Por la mañana desayunamos tranquílamente deseando que no me volviese a pasar lo de la noche anterior. Martin fue a comprar comida para el desayuno y al volver dijo “carga la cámara he encontrado un lugar que te va a encantar” es de las frases más románticas que se me pueden decir. Así que después de unas tostadas y café fuimos a la carga.

En el Mercado de Santo Domingo, el más grande que he visto en mi vida, se respira autenticidad -recordemos que en este pueblo más del setenta por cierto de su población es indígena maya-. Los puestos son variopintos en mercancías, colores, sabores y olores. Desde comida, a un todo a cien, animales vivos y mucho más. No dejé de abrir la boca cada vez que veía a una octogenaria cargar una bolsa pesada con la fuerza de su frente, cuando una señora maya me sonreía sobre el reflejo de sus trenzas de colores me emocionaba. Bueno pues así anduvimos unas horas entre calles hasta que “creemos” las recorrimos todas.

Artista maya

Finalizamos la mañana visitando el museo de ámbar, la entrada es muy económica y las piezas de su interior son dignas de ser observadas. También aprendimos muchos consejos para comprar ámbar de buena calidad:

  • El ámbar de verdad es una resina y por lo tanto no pesa casi.
  • Si lo frotamos con los dedos y se calienta al olerlo huele a miel.
  • Si quemásemos el ámbar de verdad olería a incienso.
  • En todas las tiendecitas podéis pedir una luz ultravioleta que al enfocar el ámbar si éste es de verdad se pondrá blanco bajo la luz.

Tipos de ámbar:

  • Rojo: ha estado en montañas altas y ha recibido mucha luz del sol.
  • Amarillo: ha estado enterrado bajo tierra y no ha recibido mucha luz del sol.
  • Verde: en algún momento de su vida fue tocado por el agua.
Museo del ámbar

Más adelante os explicaré donde compré mis souvenirs.

Para comer fuimos al restaurante Jardín Tonantzin y pedimos enchiladas y tamales veganos, la comida sabía a auténtica y el ambiente también. En el momento del postre vino la dueña y nos preguntó que tal estábamos y si la comida nos había gustado. Un festín sin duda, pero luego le pregunté:

“Oye, perdona, este lugar es muy especial verdad, digo… místico o con mucha energía”

Ella me sonrió como si supiese perfectamente de qué hablaba y asintió con la cabeza. Sorprendentemente no me dijo nada más pero hizo un gesto que se notaba que callaba algo y yo sentía toda esa energía en cada poro de mi piel.

Por la tarde y después de una rápida siesta en el hostal fui a una pequeña tienda de cacao (Está en la avenida Diego Dugelay cerca del restaurante Todo Vegano), recordemos que los mayas también fueron muy famosos por su cacao. Y este es amargo con ganas, puro quiero decir, pero mira que yo entré chulita con mi “Yo estoy acostumbrada al chocolate de 85%”. No entendía de qué se reía el chico hasta que el cacao se deslizó por mi boca, una experiencia divina y que me devolvió a mi modestia. Si tenéis la oportunidad probad el bombón de maracuyá, es otro placer de la vida del que no deberías morir sin probar.

Por la tarde hicimos el free tour de la ciudad, pero otra vez puedo decir que ha sido de los mejores de mi vida porque me sentí muy acogida por todo el lugar y sus gentes. Vimos vistas únicas, vimos los pequeños rincones que escondían cuentos históricos, vimos atardecer en un centro cultural alternativo, fuimos a una coopertativa artística, nos dieron consejos buenísimos y nos llevaron a beber posh (una bebida alcohólica a base a de maíz).

Mercado de Santo Domingo

Día 3: Excursión al Cañón de los Sumideros, Chiapas del Corzo y miradores.

Nos despertamos tarde y después de desayunar preparamos el tupper con lo que habíamos comprado en Loving Hut y que sería nuestra comida para la excursión de ese día. 

Un coche nos vino a buscar en el hostal y cuarenta y cinco minutos más tarde nos colocábamos unos sombreros en la cabeza, un chaleco salvavidas y subíamos a una barca llena de turistas. Recorrimos el río donde vimos cocodrilos, monos y sus crías, más animales salvajes y su explícita vegetación. Nos contaron sus historias marcadas por la historia y la situación actual de la región. 

Mono araña

Al medio día nos dejaron dos horas para comer en el pueblo Chiapa de Corzo. Martin y yo paseamos por nuestra cuenta hasta encontrar un banco al lado del río, allí comimos la comida de nuestros tuppers, tomamos el sol y leímos, Martin sentado como mejor podía y yo tumbada apoyando mi cabeza sobre su regazo. 

Por la tarde te llevan a diferentes miradores y ves unas vistas increíbles, pero yo estaba muerta del cansancio y muy mareada. Así que no lo disfruté nada, esta parte no la volvería a hacer. 

Cocodrilo

Por la noche compramos unas salchichas de chipotle veganas en una tienda al lado de la chocolatería que he mencionado antes. Allí estuvimos hablando con unos chicos españoles y nos animamos a salir a tomar unas copas, fuimos al Café Bar Revolución que tenía música en directo, unos posh más tarde nos dimos cuenta que nuestra mesa era toda española y es más: nosotros éramos de Ibiza y los demás eran de Formentera y de Mallorca… el mundo es ya te digo yo un pañuelo de causalidades bonitas.

Cañón del Sumidero

Día 4: Maya Experience

Si preguntas en el free tour te pasarán el contacto de un guía muy especial, el único que tiene el beneplácito de los mayas para adentrarse en su territorio. Nosotros empezamos la mañana cuando nos recogieron en la posada del abuelo con una furgoneta que sería nuestro transporte durante toda la mañana. 

La primera parada fue el pueblo de Zinacantán, allí nos explicaron algunas bases de la cultura maya y procedimos a entrar a una casa típicamente maya: las paredes de barro, la estructura puramente orgánica y una niña de 12 años sentada en el centro preparando tacos. Andrea se movía con gracia mimando los alimentos primordiales en su cultura; el maíz en su forma de torta. Andrea tenía los ojos grandes y mirada transparente, por las mañanas ayudaba a su familia con los turistas y por las tardes iba al colegio. El guía nos dijo “En una casa en la que la harmonía reine siempre hay tortillas calientes” y ahí estaba Andrea dominando el aura de su hogar, tan pequeña y tan poderosa. Detrás de mi cámara lloré otra vez, casi no podía disimular mis lágrimas porque todo me conmovió mucho. Luego nosotros hicimos nuestros tacos con lo que Andrea y su mamá prepararon sentadas en el suelo, para enraizarse a la tierra. Sus hermanas y tías estaban en el exterior trabajando con los telares de cintura y creando patrones preciosos, un bebe se alimentaba del pecho de su madre mientras esta trabajaba unos hilos de colores.

Andrea y su mamá
Cementerio

De la vida a la muerte. Nos llevaron a un cementerio, el más humilde que he visto en mi vida, allí se respiraba la esencialidad del ciclo “del polvo vienes y al polvo regresarás”. Y en un perpetuo silenció pedí permiso a cada paso para poder cruzar tumbas y aprender sobre la vida un poco más.

San Juan Chamula fue todo un reto, una iglesia católica se irgue escondiendo su interior: por un lado los santos católicos aguardan el lugar, por el otro las tradiciones mayas cobran vida. Telas invisibles de hojas de pino hacen de alfombra, pasarelas de velas iluminan el camino de sus feligreses y sacrificios animales (gallos y gallinas) son el idioma de unos dioses que han pasado por muchos pactos. La vegana en mí miraba a los ojos a los gallos, estos también buscaban en mi ayuda y no se la podía dar. No pude mirar su muerte pero me prometí seguir siendo activista, porque el amor los salvará y el mío ya lo tienen comprometido.

San Juan de Chamula

Comimos en Te quiero verde, se convirtió en uno de mis restaurantes favoritos junto al de la primera noche. Pasamos la tarde buscando todo los recuerdos que me moría por tener. Y es que pensé que a mas cosas pudiera llevarme más podría quedarme.

Día 5: No sé decir adiós

Nos despertamos pronto y desayunamos en la posada del abuelito mis salchichas favoritas de chipotle veganas con tostadas. Yo ya conocía a la familia que lo regenta y ya saludaba a Gabriel por las mañanas el hijo pequeño que rebosa felicidad. 

No sé decir adiós y siempre hago un drama de ello, probablemente algún día aprenderé pero por ahora Martin me agarra del brazo y me llevó a comer un bombón de maracuyá. Acabamos las compras que nos faltaban y fuimos a la estación de buses que nos llevaría directamente hasta el aeropuerto. Y allí dije adiós, no en realidad aún no he podido.

Cruz Maya

La guinda de la humanidad: La pequeña reunión de almas

Estaba sentada el último día en la tienda de las salchichas de chipotle veganas, deliciosas esperando a Martin que había ido a buscar una cosa en la Posada del Abuelito. Mi cara debía ser un poema porque el chico de la tienda me preguntó si estaba bien. Y yo pensando: cómo le explico sin parecer tarada que las emociones me han engullido aquí, no se habla de esas cosas. 

Y entonces empezó la reunión de almas, se dio cuenta de que me sentía conectada a este lugar y me dijo que él también había venido de vacaciones y que decidió quedarse. Que lo abandonó todo, incluso su trabajo por teléfono, plantó una semilla en mi cabeza, la posibilidad de quedarme. Me reí sola imaginando la cara de Martin al preguntarle si quería quedarse conmigo ahí de verdad. Pero al menos este chico había conseguido hacerme sonreír.

Entro una señora que yo llevaba viendo hacía días, paseaba con cinco perros obviamente sin correa porque eran super educados. Me contó que los iba rescatando y que si me quería quedar uno. La miré pensando “esta chica no me conoce no sabe que me lo plantearía de verdad” y ella me sonrío hablándome sobre la vida de ellos.

Yo ya me estaba montando mi historia en la cabeza cuando Martin entró al rescate de la Laia cuerda que tenía que coger un avión. Y me fui, pero que conste que el destino, el lugar y sus gentes ya me estaban montando una vida allí.

Una semana en Ciudad de México

Desde el avión y a merced de la noche esta ciudad te deja sin aliento, su grandeza va más allá del espacio que ocupa entre montañas. Es mucho más difícil que describirla como una simple enorme ciudad, pero lo voy a intentar, voy a explicaros por qué Ciudad de México (DF) merece de vuestro tiempo.

Nosotros teníamos un motivo para ir: unos amigos nuestros se habían mudado allí y nos acogieron con todo el amor de esta pareja… bueno, de Christian, Maria y “Alexa”, que fue motivo de muchas de nuestras risas y parecía formar parte de la familia. DF fue para nosotros nuestro campamento base, donde dejamos nuestras maletas grandes, pasábamos tiempo de calidad compartido con nuestros maravillosos amigos -incluso a veces con los amigos de estos-, y desde donde partíamos al resto de nuestros viajes por México.

Christian & Maria

¿Cuándo ir?

Cuando quieras, cualquier momento es bueno para vivir en la gran ciudad, y si digo eso es porque está entre las tres ciudades más grandes del mundo. Enero fue cuando estuvimos nosotros y su “invierno” puedo decirte desde ya que la temperatura es maravillosa, manga corta y camiseta larga fina durante el día y chaqueta de noche.

Transporte

Corta distancia: usábamos las bonitas piernas que la vida nos ha dado. El paseo en sí es enriquecedor y las calles se me antojaban salvajes -no por lo que probablemente se piense-, sino porque los grandes árboles tropicales, que nos mantuvieron horas embobados arrancan con sus raíces las propias aceras. Os lo digo de verdad, la naturaleza es muy poderosa y no me cabe duda que es muy consciente de su entorno. 

Media distancia: bicicleta y no es una broma, aunque hay que ir con cuidado y esperar unos días para acostumbrarse al tipo de tráfico y comunicaciones culturales en él. La bicicleta es una manera muy liberadora de experimentar esta ciudad, ya sea porque has alquilado las bicicletas o usas el servicio público que la ciudad ofrece. La naturaleza que abunda en la ciudad es un precioso paisaje que observar mientras pedaleas. Las luces cosmopolitas, su arquitectura y sus murales convierten a DF en un museo al aire libre, disfrútalo si puedes pedaleando. Eso sí, vigila bien por dónde vas.

Larga distancia: nosotros usamos Uber y ya no sé si es ético o no y probablemente me lo plantee más adelante, pero este servicio, recomendado por nuestros amigos, fue la solución económica que necesitábamos cuando sobre todo íbamos al aeropuerto. Los coches estaban en muy buen estado, eran muy rápidos en su servicio, el interior limpio y los conductores toda una sorpresa en personalidad.

Cosas a tener en cuenta:

Ya he repetido en la publicación anterior cómo me sentí en México en general https://laiawanderlust.blog/2020/02/06/oda-a-mexico/ pero por si acaso aquí en este contexto de ciudad específico voy a mostrar algunos consejos:

  • Joyas: no sé si es algo cultural o de precaución pero nadie llevaba nada muy ostentoso o valioso encima. Yo seguí el flow y tampoco llevaba casi nada, eso me proporcionó mucha libertad y cambio de estilo, cosas positivas siempre.
  • Objetos de valor: cámaras y demás pues las llevaba guardadas y las sacaba cuando las necesitaba, pero la verdad es que este consejo lo daría en cualquier ciudad grande.
  • Pasaporte y DNI: sinceramente cuando viajas fuera de la Unión Europea (si vives allí) tu pasaporte es algo muy importante, así que yo lo guardaba siempre en lugar seguro, ya fuese en el hotel o en casa de mis amigos. En el primer caso aconsejo caja de seguridad. Encima siempre llevaba mi DNI por si la policía me pedía identificación en algún momento -que no pasó- y una fotocopia del pasaporte.
  • Capas de ropa: la verdad es que a lo largo del día, con manga corta y un jersey fino arriba estaba perfecta, aunque sí es verdad que si hacía un poco de frío siempre llevaba un pañuelo en el bolso. Si hace calor me quedaba en manga corta y por la noche, usaba abrigo siempre.
  • Aduana: dos horas de cola en el aeropuerto y bastantes preguntas después, mi consejo es que llevéis en una carpeta (o cartera) con los papeles que demuestran que tenéis un billete de vuelta y las reservas de los hoteles o lugares donde os vais a quedar. 
  • Style: para no desentonar con la ciudad recomiendo el estilo sencillo que llevarías en cualquier lugar cosmopólita, esto no es la Riviera Maya; chanclas y sandalias no thank you
  • Barrios que merecen ser visitados: Condesa, Roma y el Zócalo.

Día 1: Llegada a Condesa

Nada más llegar, y más si vas a pasar una temporada larga (un mes en nuestro caso), lo mejor es comprarse una tarjeta de móvil nacional. En el aeropuerto y después de pasar la aduana fue lo primero que hicimos: parar en Telcel o AT&T a comprar una, esto nos permitió pedir un Uber rápidamente y llegar a casa de nuestros amigos sin dilaciones.

Después de muchos abrazos y ponernos al día, una ducha más tarde y un vaso de agua después salimos a dar un paseo: primera parada el bosque de Chapultepec. Allí vimos una parte cerrada gratuita que tenía un hilo musical relajante y que pedía al visitante estar en silencio. Dentro había personas tomando el sol entre la naturaleza, escuchando la música, durmiendo o incluso leyendo -hay una mesa con libros que te prestan-. Ideas que me parecen fascinantes.

Después de comprar en mi primer puesto callejero un vaso de mango con lima y chili nos dispusimos a caminar por el centro. Después de recorrer mucha distancia entramos en un centro comercial, porque a mi me encanta ver el ambiente en ellos -esto me pasa desde que en Barcelona pasaba mucho tiempo trabajando en uno-, y tenía una curiosidad digamos que antropológica. Lo cierto es que había un cine, Jumanji en estreno y el jet lag que empezaba a chocar… así que sucumbimos a la tentación y pasamos un rato disfrutando de esporádicas cabezaditas en las butacas del cine. 

Luego volvimos a casa de nuestros amigos -que ha partir de ahora llamaré simplemente casa-, y fuimos a casa de unos amigos de nuestros amigos. Él tenía un pisito en un lujoso bloque de pisos en Condesa, en el rooftop vimos el atardecer, nos explicaron cada montaña y edificio a la vista y yo tomé fotos porque no sabía gestionar tanto amor y buenas intenciones. Mientras el sol caía, nuestras conversaciones se tornaron profundas y arreglamos el mundo a brindis de cervezas y teorías de esta generación nuestra que intenta salvar el mundo.

Martin, Kevin & Christian
Rooftop

Día 2: Xochimilco y Coyoacán

Día nuevo y otro precioso desayuno que Christian preparó para nosotros. Nos despertamos pronto para acompañarle a su trabajo, tenía una reunión en Xochimilco y nosotros aprovechamos para ir a dar una vuelta. Cierto es que estábamos bastante emparanoiados con toda la información que muchas personas nos habían contado sobre México en general. Íbamos con mil ojos y creo que cuando estás pensando tanto en tu seguridad atraes todas esas paranoias. 

Canales de Xochimilco

Puedo decir que en Xochimilco fue donde más observados nos sentimos, puede que por la propia paranoia, pero también por las pintas de “guiris” que debíamos llevar. Eso me hizo sentir que este “barrio”, por llamarlo de alguna manera, fuese donde menos segura me sentí. Y dicho esto, no nos pasó nada. Llegamos hasta el embarcadero principal y allí alquilamos un tour privado (50 euros los dos) por dos horas en los canales de Xochimilco. 

Allí con nuestro amable guía que también era el conductor de la barca nos explicó por qué hay una Venecia en medio de DF. Mientras estábamos en la barca muchos vendedores en sus propias barcas nos ofrecían comida, artesanías e incluso canciones. Nosotros compramos un pareo que hacían ellos mismos: la tela era un cactus cuyo nombre no recuerdo y los motivos bordados a mano eran aztecas. 

Coyoacán es uno de mis barrios favoritos, pintoresco, tranquilo y precioso. Nada más llegar me sentí muy feliz, la primera parada para comer fue en el restaurante “Aura vegana”. Os recomiendo los deliciosos choricitos y tabla de quesos también y los summer rolls. Después fuimos hasta el museo de Frida Kahlo y nos encantó, el ambiente, la decoración, etc. Os recomiendo ver antes la película de Frida que se grabó en esta casa, os pondrá en contexto y apreciareis más la visita:

Museo de Frida Kahlo

Finalmente paseamos por las calles de este precioso barrio y visitamos el mercado artesanal que con su decoración navideña fue la guinda del pastel del día.

Día 3: Museo Antropológico de DF

Museo Antropológico

Desayuna bien y prepárate porque nosotros tardamos una friolera de seis horas en verlo entero. Sabíamos a qué nos ateníamos así que estábamos mentalizados, lo hizo fácil el hecho de que el museo en sí es una obra de arte y que los temas tratados son necesarios para entender este país con más perspectiva. 

Consejos:

  1. Desayuna bien y ve pronto: disfruta de las primeras salas que son la base de prácticamente la humanidad.
  2. Tómate un descanso o bien tomando el sol en el exterior de la fuente o bien en la cafetería tomándote un café.
  3. Continua y acaba con la planta baja, tendrás la cabeza muy opaca después de tanta información así que te invito a ir al restaurante del propio museo para un break.
  4. Haz de una sentada la parte superior que es mucho más liviana.
  5. Descansa haciendo la opción que no hayas puesto en práctica del punto número dos.
  6. Seguro que hay alguna sección que quieres repetir, este es el momento.

Para desconectar de tanta información volvimos a casa por el bosque de Chapultepec, allí me paré en una librería y compré un libro de poesía de un escritor mexicano. Paramos en el lago y leímos un rato en voz alta -es algo que hacemos a veces, otra manera de conectar y da lugar a conversaciones sobre nuestros sentimientos y debates-, sobre poesía enfocada hacía la muerte. De vuelta a casa me agarré al brazo de Martin y continué leyendo un rato.

Una ducha después y pocas energías solo la palabra “taco vegano” me podía resucitar, Maria nos llevó a un restaurante muy humilde pero un must do de la gastronomía. El cansancio nos acabó por devorar y volvimos a casa a hacer la maleta y dormir, ya que al día siguiente nos íbamos a la Riviera Maya https://laiawanderlust.blog/2020/02/20/mexico-yucatan-quintana-roo-y-campeche/.

Día 4: Work day in a smart way

Escribir para vosotros -y para mí-, es algo que me apasiona pero también es una tarea que hago constantemente y encontrar tiempo durante el viaje fue todo un rol de organización. Así que aproveché los aviones, los ratos en que los demás dormían y las musas me visitaban y cualquier espacio de tiempo posible. 

Cuando volvimos de la Riviera Maya otra vez a DF tenía una artículo pendiente así que nos despertamos pronto y paseamos por las frescas calles de la mañana mexicana. Tomamos un café en La librería Péndulo mientras escribía frenéticamente. Luego me perdí entre estanterías de libros de todos los gustos, colores y sabores. Para comer Vegamo es la clave del éxito, delicioso y saludable.

Día 5: Santuario de la Mariposa Monarca

Seis de la mañana, mochilas cargadas de snacks y una rápida parada a por un café para llevar, mi favorito Starbucks y me cuesta admitirlo porque la gente te etiqueta como superficial. Pero a mí me gusta su café de verdad, sobre todo cuando ponen caritas sonrientes o corazones en mi nombre. Soy así, me gustan los pequeños detalles.

Tres horas en el coche con nuestros amigos nos llevaron hasta el Santuario de la Mariposa Monarca, aparcamos fuimos al baño y compramos nuestras entradas. Un pequeño paseo con un desnivel muy ligero de media hora te lleva ante el espectáculo de la naturaleza más magnífico que pueda haber. Millones de mariposas reposan relajadas en los árboles, ante la brisa que mandan los cielos reaccionan en una ligera danza caótica de colores: el de sus alas y así puedes quedarte fascinado/a durante horas. En ese fino vaivén de colores, aleteos y tesoros, miras con un poco de envidia sana a aquellos agraciados que son el punto de reposo de las mariposas.

Fue un día intenso, comimos en el mirador que hay en el camino, allí hambrientos y ante la gran vista del valle y sus montañas devoramos unos sándwiches veganos que preparamos en casa, unas peras y algo dulce.

Por la noche fuimos a cenar una deliciosa pizza vegana en Utopía ya de vuelta en DF, os recomiendo la Poblana. Muy cansados después vimos en casa Chef Table en Netflix y disfrutamos de una noche juntos todos.

Día 6: Domingos de deporte y Superbowl

Nos despertamos pronto y desayunamos como solo los alemanes – Christian y Maria lo son-, saben hacer: con un montón de deliciosas cosas. Necesitábamos coger energía para nuestra actividad por la mañana: ir en bicicleta. Y es que en Ciudad de México todos los domingos de ocho de la mañana a dos del mediodía muchas calles se cierran y muchos trabajadores se dedican a permitir la libre circulación de las bicicletas. Es una manera muy eficiente de promover el ejercicio en familia y disminuir la contaminación durante un periodo de tiempo.

Así que pasamos horas en la carretera con las bicicletas, entre niños que aprendían a usarlas, gente en patines y patinetes, dueños que iban en bicicleta y perros que corrían al lado de estas. Acabamos la ruta cerca del jardín botánico, que aunque no era muy destacable fue un agradable paseo hasta llegar al castillo en Chapultepec.

Después de parar brevemente a escuchar nuevamente esas serenatas tan románticas que los mexicanos llevan en el alma, volvimos a casa a preparar la comida. Por la tarde dormimos todos una siesta como -ahora sí- solo los españoles sabemos hacer.

Pues por la tarde nos esperaba una super experiencia, vimos la Superbowl en los cines Cinemax, con cantidades ingentes de palomitas, patatas y todas las guarradas veganas que os podáis imaginar. Momentos llenos de emoción ya que defendíamos equipos diferentes: mientras Christian y Maria motivaban a Kansas City, Martin y yo vitoreábamos a San Francisco.

Pronto nos íbamos a dormir, al día siguiente nos esperaba otro avión, esta vez hacia Chiapas -Tuxla Gutierrez-, pero esta parte la explicaré el próximo jueves.

Día 7: Teoatihuacan

La gruta

Al volver de San Cristobal de las Casas a Ciudad de México no nos podíamos creer que volviésemos a España en dos días. Teníamos un gran sentimiento de pena  y desconcierto, muchos sentimientos resonaron en este país y parecía mentira que nos tuviésemos que adaptar otra vez a un nuevo lugar.

Una vez visitados los mayas en el sur de México y los aztecas en Ciudad de México ahora les tocaba a los fundadores de todo, los indígenas que estaban incluso antes que los dos mencionados anteriormente: los teotihuacanos.

Para ello conducimos dos horas hasta el lugar que el propio nombre indica y estas son nuestras recomendaciones para una buena experiencia:

  1. 14:30 llegada al restaurante “La Gruta” si no tenéis reserva, suelen tardar media hora en darte mesa. 
  2. 15:30h show en el restaurante de danzas prehispánicas y coloniales.
  3. 18:00h dirigirse hacia la entrada de los templos.
  4. 19:00h empieza el show nocturno (reservar con una semana de antelación mínimo)
Processed with VSCO with ka3 preset Processed with stamp

En este show podréis hacer un tour nocturno con audio guía que os sitúe en el contexto del lugar, un guía presencial os guiará también. Al final podréis ver una proyección increíble con música sobre el Templo del Sol que os explicará la historia con unos bellísimos audiovisuales. Consejos:

  • Llevad ropa de abrigo e incluso una mantita.
  • Id al baño antes, allí no tendréis mucho tiempo.
  • Reservad el tour nocturno e incluso el restaurante antes si podéis.

Día 8: Adiós México

Este día era el último así que repasamos en bicicleta nuestros lugares favoritos, fuimos al Zócalo a ver las ruinas aztecas y desde el rooftop tomamos unas bebidas refrescantes. Nos despedíamos del lugar con mucho apego, creo que me sorprendí a mi misma con el cauce de mis pensamientos y el amor que desarrollé por muchas cosas del lugar. Comimos por última vez en el delicioso Vegamo y fuimos a por las maletas, un Uber y directos al avión.

Esta vez me tocó en pasillo, a mi izquierda una señora anciana mexicana iba con su nieta en ventana. Íbamos con retraso y para la hora del despegue yo estaba viendo en mi móvil la película de Frida Kalho. Justo cuando empezábamos a coger altura y la silueta de la ciudad asomaba en un adiós yo escuchaba una de mis canciones favoritas “La Llorona”.  Y no sabéis lo que lloré, los lagrimones resbalaban por mis mejillas de gratitud, la señora a la que me he referido anteriormente me mira y se pregunta por qué lloro, pero no habla, simplemente me mira y me sonríe con ternura. Casi como si me entendiese, todo el mundo parecía hacerlo excepto yo. 

La guinda de la humanidad: cita con Uber

En uno de los trayectos hacía el aeropuerto nuestro conductor era un hombre muy delgado, con piel morena y suave con pelo cano y ojos antiguos. Se sentó en el asiento conductor y nos confirmó el lugar de destino, al cabo de unos segundos de silencio absoluto nos pregunto:

“¿Qué canal de radio desean escuchar?” -dijo el conductor-.

“El que a usted más le guste” -le contesté-.

“Uy yo solo escucho música romántica.” -dijo muy serio mirando al frente-.

“Eso sería perfecto.”

Y así es como tuvimos nuestra primera cita en coche con el dulce señor de las serenatas mexicanas, con amores imposibles, traiciones imperdonables y finales felices. Para mi fue uno de mis momentos más románticos con la vida.

Cuando nos recogieron del aeropuerto otra vez en Ciudad de México el conductor de Uber empezó a hacernos preguntas de cortesía sobre nuestra estancia en México: le explicamos lo que ya habíamos visitado. Él nos dio otra lista de lugares maravillosos que era necesario visitar y yo le miré pensando no me quedan más días para estar aquí, casi con desesperación.

Entonces dijo las palabras mágicas: “Habéis oído la leyenda de La Malinche” y para mi leyenda y mujer son un aliciente para tener toda mi atención. Entonces me contó la historia:

“Cuando Hernán Cortés llegó a estas nuevas tierras se enamoró de muchas cosas, entre ellas de una mujer. Su nombre era Malinche y hablaba varias lenguas indígenas, ayudó a los recién llegados a comunicarse con las tribus indígenas del país. Esto permitió que el encuentro entre los hispanos y los indígenas no fuese tan sangriento. Pero esta historia también va de amor: Malinche y Hernán se enamoraron y además se casaron, ella se quedó embarazada y todo parecía de color de rosa. Hasta que se enteró de que Hernán Cortés cortejaba a otras mujeres, dicen que entonces ella se volvió loca y que cuando concibió a su bebé lo tiró a un río. Pasados los años un gran sentimiento de culpa la inundó y una vez muerta ese sentimiento sigue manifestándose hoy en día. Dicen que cuando es de noche y las calles ya están abandonadas puede que escuches a una mujer gritando con desesperación: es La Malinche que grita por su desgraciada vida”.

El coche está a oscuras, la propia ciudad lo está. De fondo se escucha una lista de música que el conductor a puesto y que por el contexto de la situación le da dramatismo. Entonces el conductor nos mira directamente a los ojos a través del retrovisor y nos dice:

“Yo la he escuchado… y sus gritos te quitan el sueño” dice con voz profunda, Martin se estaba conteniendo la risa escéptica y yo estaba atrapada en la seriedad de la situación. Son esos pequeños momentos que la vida te regala, como si un mayor nos contase una historia de miedo y como buenos niños nos hubiésemos quedado pasmados. Toda una aventura viajar con Uber en Ciudad de México. 

Thank you guys for so much love

México: Yucatán, Quintana Roo y Campeche

Un viaje durante 10 días

México lindo, lindo su paisaje, lindas sus personas y lindo todo lo que su sol baña. Este viaje va a ser dividido en tres publicaciones, esta siendo la primera se va centrar en un viaje durante diez días en la Península de Yucatán.

Lo cierto es que antes de llegar con el avión a su aeropuerto mis prejuicios me decían que era un lugar puramente turístico. Viniendo de la isla de la cual provengo no me llamaba la atención una destinación con las mismas vibraciones. Pero México es lindo y lindamente te va a sorprender. 

Llegué desde las nubes y un mar verde fue lo primero que captó mi retina, mis pupilas se dilataron ante la selva más extensa que había visto desde hacía mucho tiempo. Mi corazón se estremeció de placer al ver que aún quedaban sitios tan salvajes y cuando bajé del avión y su sol bañó mi piel no pude más que sonreír hasta que me dolieron las comisuras.

¿Cuándo ir?

La verdad es que a gusto del consumidor: hay que tener en cuenta que aquí los meses de junio a septiembre hace mucho pero que mucho bochorno, es tiempo de mosquitos y de lluvias. Los meses de diciembre a febrero diría que son maravillosos, una temperatura perfecta aguarda en cada rincón de la península. También hay que tener en cuenta la época de huracanes de mayo a diciembre. 

¿Cuántos días?

En mi caso fueron 10 días, pero lo cierto es que me hubiesen encantado un par más. Creo que en esta situación depende mucho de tus intereses.

 Si lo que deseas es estar tumbado bajo el sol sin muchas complicaciones con una semana tus pilas estarán bien cargadas. Si lo que deseas es explorar la península necesitas mínimo 10 días para poder abarcar muchos lugares, no tendrás mucho tiempo de descanso pero será el suficiente para la aventura. Por otro lado, si quieres vivir todas las aventuras que aquí se pueden disfrutar creo que vas a necesitar más de 15 días, y ponle tres más de descanso en la playa.

Transporte:

Nosotros viajamos desde Ciudad de México con Vivaerobus -no es mi compañía favorita- pero si podéis viajar con Interjet mejor, os lo recomiendo.

Una vez aterrizamos alquilamos un coche con la empresa Avant Car, ellos nos vinieron a buscar al aeropuerto y nos llevaron hasta su compañía. Allí nos explicaron muy bien todo, el pago fue muy fácil (y es definitivo a diferencia de las otras compañías, donde no te muestran el precio final), nos dieron consejos de seguridad muy importantes y después recogieron el coche en el hotel. 

Al final del viaje nos movimos en autobús -pues los taxis son muy caros-, desgraciadamente google maps no te ayuda en este viaje, pues no tienen señalizadas ninguna de las rutas que estos hacen. Nosotros preguntamos a los lugareños, hoteles, y junto con nuestro instinto llegamos a buen puerto.

Mimos en el coche mientras recorremos

Hospedaje:

Durante el viaje yo quería experimentar diferentes tipos de hospedaje, de hecho visitamos varias arquitecturas que especificaré durante cada día. Pero México tiene mucho que ofrecer así que no te lo pierdas.

Seguridad:

En Yucatán nos sentimos seguros todo el rato, la policía era muy amable y no tuvimos ningún problema. Si es cierto que impresiona bastante ver los controles en las carreteras o cuando te preguntan cosas, pero no tuvimos ninguna mala experiencia. 

Cosas a tener en cuenta:

  • Tips y dinero en general: sobre el presupuesto que tengas para este viaje añade una cuarta parte más, pues siempre te van a ocurrir gastos extras como propinas -en todos lados presentes- o extras -muchos lugares añaden pagos extras cuando menos te lo esperas-.
  • Efectivo: son muchos los lugares donde no aceptan tarjetas (como la autopista), así que asegúrate de tener en efectivo lo que necesites, más vale que sobre que no que falte.
  • Gasolineras: mirad bien vuestro depósito de gasolina y tened localizadas las gasolineras cuando las vayáis a necesitar. 
  • Hospedaje: el equilibro es la clave, creo que lo ideal es mirar si los sitios a los que queréis ir tienen mucha demanda. Si veis que es así no dejéis el hospedaje para último momento (lo mismo con las experiencias). Pero si no es el caso aconsejo dejarse llevar por la corriente, muchos días me entristecí por dejar atrás un lugar en el que me hubiese gustado pasar más días. 

Día 1: Playa del Carmen

Después de alquilar nuestro coche decidimos que la playa era un buen lugar para empezar -lo cierto es que estábamos ansiosos por tocar las aguas caribeñas-. Para mala suerte nuestra en Playa Delfines había bandera roja y unas olas nada sumisas, de hecho metí un poco las piernas en la orilla y rápidamente me sentí arrastrada hacía el interior. 

Así que tomamos un rato el sol y nos fuimos a nuestro hotel en Playa del Carmen, era viernes y había mercadillo artesanal y local en el H. Ayuntamiento de Solidaridad Palacio – lo podéis encontrar viernes y sábado– Está al lado de nuestro hostal, fuimos allí nos maravillamos con los puestos de comida -vegana también- y puestos de joyas y objetos artesanales preciosos. Bailamos un poco de salsa a la luz de la luna y nos fuimos a dormir pronto listos para el día siguiente.

Hospedaje: Típica casa mexicana de paredes coloridas: Hotel Casa de las flores- https://casa-de-las-flores.hotelsplayadelcarmen.net/es/

Hotel Casa de las flores

Día 2: Xcaret

No te lo puedes perder, una de las mejores experiencias del viaje, no me cansaré en decirlo. Xcaret es un parque de atracciones, tienen varios en la zona con temáticas diferentes pero creo que este es el principal y por el que aconsejaría comenzar. 

Imitando a los pájaros que teníamos detrás.

Es un parque diferente a los que yo había estado hasta la fecha, dentro del recinto tiene diferentes rutas que te guían según la temática por diferentes partes del lugar. Los animales que allí viven han sido rescatados de la mano humana o se han criado directamente allí -la intención es reintroducirlos a todos en la naturaleza-, y mientras educan a los visitantes forman parte del escenario del lugar.

Mi consejo es el siguiente:

  1. Llega pronto y ve primero a completar las atracciones de agua, mi favorita es la ruta en snorkel por el rio natural. A lo largo de la mañana se llena mucho y puede que no te dé tiempo de hacerlo todo.
  2. Mira qué cursillos quieres hacer y organízate -ponte una alarma y no te olvides de llevar un mapa del lugar contigo para no perderte-.
  3. Mira qué espectáculos quieres ver y sigue el mismo procedimiento que el punto anterior.
  4. Divide las rutas a lo largo de la mañana y deja un espacio para la hora de comer.
  5. Comida: nosotros te recomendamos que cuando compres tu entrada también compres tu derecho a una comida. El que más opciones veganas tenía para nosotros fue el restaurante La Laguna.
  6. Por lo que más quieras no te pierdas el espectáculo maya del final, es la guinda del pastel perfecto. Llega pronto para coger asientos, diría que los mejores son los laterales quinta fila centro. Salí de allí con los pelos de punta de la emoción.

Esta experiencia no es la más barata pero sin duda es de las mejores, se la recomiendo a todo el mundo sin excepción, la vais a disfrutar muchísimo. 

https://www.xcaret.com/es/comprar-mi-entrada/

Show Maya

Día 3: Caleta Yal-ku, Cenotes y Tulum

Nos despertamos pronto, desayunamos algo rápido de lo que nos sobró el día anterior y fuimos a la caleta Yal-ku estuvimos buceando en aguas no tan claras como las del Mediterráneo pero sí que vimos muchos peces preciosos de colores increíbles.  Pasamos una mañana muy tranquila y agradable en las orillas de esta caleta, fuimos tan pronto que éramos los únicos. Pagamos una entrada (muy cara a nuestro parecer, de hecho se supone que nadie tiene derecho a cobrártela pero no nos pusimos a discutir con nadie).

Caleta Yal-ku
Primer cenote

Más tarde fuimos a los primeros cenotes de nuestra vida: Cenote dos Ojos, fuimos al pequeño primero y fue mi favorito. Primero le pedí a Martin que me grabase nadando, y como quería salir bonita no me puse las gafas así que no vi nada. Segundo me puse las gafas de buceo y me volví a meter al agua, cuando saqué la cabeza pegué un grito, no sabía que había allí abajo. Una cueva submarina muy oscura era lo que no había visto, me asusté muchísimo pero luego me quedé maravillada. Estuve como quince minutos sumergida de pie mirando como los buzos iban y venían por la cueva. 

Para la hora de comer llegamos a Tulum, yo me encontraba muy mal, mi cuerpo se liberó de tensiones y tuve los peores calambres menstruales de mi vida como mujer. Pero bueno, los pasé en parte en una cama balinesa en la playa de Tulum con música en directo. Comimos una ensalada y unas verduritas a la brasa, sazonadas, como no, en chile y limón. Dos horas más tardes mi dolor era excruciante, no sabía en qué posición ponerme, así que le pedí a Martin que fuésemos a lo primero que se pareciese a una farmacia -no soy nada de medicarme pero ese dolor era horrible-. Quince largos minutos después yo no descartaba que algo estuviese matándome por dentro, llegamos a una farmacia y nos vendieron Espadiva -en veinte minutos me quitó todos los dolores-. Lo que es más, me llevé de vuelta a España las pastillas porque me parecia una aberración abandonarlas.

Tubohostel

Horas más tarde y en una zona horaria diferente llegamos a Xpujil (Campeche), el pueblo de noche daba miedo, pero lo cierto es que nuestro hotel estaba bien amurallado y lo recomiendo totalmente. Cuando llegó el día ya todo nos pareció mucho más normal. La noche tiene estas cosas, de hecho yo siempre digo que tengo reservas cuando llego a algún lugar de noche, todo parece más misterioso u oculto. También puede ser que haya visto demasiadas películas o series y que Netflix esté expandiendo mi capacidad de paranoia. Después de una ducha rápida nos fuimos a dormir, la aventura del día siguiente era muy importante para Martin y necesitábamos fuerzas.

Hospedaje: hostal tipo americano muy barato pero seguro e higiénico. Hotel Xpujil.

Día 4: Los secretos de Xpujil

Calakmul desde el rooftop de un templo

Veinte minutos hasta la entrada y su primer pago, cuarenta y cinco minutos después selva adentro y otro pago más te deja en el parque de Calakmul. Y aquí señoras y señores podrán ver restos arqueológicos mayas. Vinimos a estos porque Chitzen Itza nos parecía muy lleno de turistas, y nos apetecía un poco de aventura. Así que nos fuimos hasta Calakmul, en el interior de la selva tropical, para experimentar la belleza más salvaje y antigua. Planeamos una caminata de cuatro horas (hay otras más cortas), pero creo que hicimos menos, vimos templos casi engullidos por la naturaleza, templos erguidos ante el mismo sol y ciudades sin caparazón – es decir podías ver la estructura como si fueses un/a explorador/a-.

Después de comer unos sándwich mirando a nuestro alrededor por si un puma aparecía, fuimos a una cueva escondidísima (te dan las instrucciones en el hotel) en la que podrás observar a las cuatro y media de la tarde como tres millones de murciélagos en siete diferentes especies salen de la misma a buscar comida. Un espectáculo de organización, algún murciélago despistado que cayo sobre mi cabeza, otro que chocó con los genitales de un señor… pero vamos que dos de tres millones no está nada mal. 

Nosotros siempre llevamos con nosotros nuestro GPS marca TomTom que nos ha salvado de alguna que otra situación que nuestro móvil no ha podido. Pero después de todo ese día de sensaciones increíbles Martin estaba muy cansado y aún nos quedaba conducir hasta Bacalar. Nos equivocamos poniendo la dirección del hotel en el GPS y acabamos metidos en una especie de “feixa” enorme donde se encontraban pueblecitos muy humildes. Como he dicho antes la noche no ayuda a verlo todo más bonito a veces, así que alucinamos un poco en como había aldeas de treinta habitantes y todos ellas tenían un techado para jugar a básquet. 

Once de la noche, llegamos por fin a Bacalar, una manada de perros salvajes nos recibieron y yo los habría adoptado a todos. Martin me cogió del brazo más de una vez diciendo “No ves que no…” y yo pensando: “¡Ay! Serian unos hermanos maravillosos para Lecker”. En fin, esté hostal era bastante único: dormíamos en tubos. Nos pareció una idea muy divertida, hasta que me tuve que poner el pijama y el suelo era como un tubo gigante, la logística era un poco complicada. Pero estaba tan cansada que me vestí de cualquier manera y me dormí en segundos.

Hospedaje: dormimos en cabinas independientes de baños compartidos, ambiente juvenil y dormíamos en tubos. Kulu Tubohostel Bacalar – https://kulu-tubohostel-bacalar.hotelmix.es

Día 5: Laguna de Bacalar

Cuando Martin y yo viajamos nos encanta verlo todo así que no paramos, en viajes tan largos hay que gestionar la energía muy bien o se acaban sufriendo malestares. Así que después de toda la energía gastada los días anteriores, en Bacalar nos lo íbamos a tomar en calma. 

Laguna de Bacalar

Bacalar es uno de los lugares en los que me hubiese gustado estar un día más, pasamos toda la mañana en la laguna -pagamos una entrada de 100 pesos p/p (5€)-, estuvimos un rato tomando el sol, yo escribiendo, Martin leyendo y cuando nos cansamos cogimos nuestras gafas de buceo y caminamos por el lateral corriente arriba. Las aguas más azules que he visto jamás, el fondo es blanco, hay unas piedras que actúan como la posidonia del Mediterráneo y deja el agua limpia. Después de andar quince minutos simplemente nos pusimos las gafas y nos enganchamos como un tren -Martin se agarró de mis tobillos y yo me dejé llevar por la fuerte corriente-, acabamos donde todos estaban tomando el sol. Fue maravilloso ver el sencillo fondo y relajarse dejándose llevar por la corriente. Al final nos tumbábamos en unas hamacas en medio del agua y nos relajamos allí una rato hasta que yo empecé a hacer el tonto colgándome como un mono de la hamaca y decidí que el sol ya me había dado suficiente en la cabeza.

Mango y Chile

Tenía un hambre voraz, me apetecía mucho fruta y comer algo vegano rico. Así que fuimos al restaurante Mango y Chile y allí bebimos batidos de frutas maravillosas y compartimos una hamburguesa y tacos. 

Una cosa que nos caracteriza a Martin y a mi a la hora de salir a comer es que siempre compartimos platos. El se pide uno y yo otro, nos comemos la mitad del nuestro y luego cambiamos, así probamos más platos diferentes y tenemos excusa para discutir quien escoge mejor -obviamente yo-.

Por la noche llegamos a Mérida y nos fuimos a dormir muy a gusto.

Hospedaje: hotel de estilo colonial influencia de cuando los españoles llegaron a la zona. El Gran Hotel – http://granhoteldemerida.com/mx/

Día 6: Mérida

Nos despertamos y paseamos por las calles aún dormidas de Mérida, desayunamos en un pequeño local muy bonito, antes vegano ahora ya no, pero nos adaptaron y crearon algún plato para que pudiésemos comer -linda gente mexicana-.

A eso de las diez nos apuntamos a un bus tour llamado “Carnavalito La Gua Gua” (6€ si compráis los tickets en taquilla ya que por internet te cobrarán el doble) -no solemos hacerlo pero el colorido de este era tan autentico que prometía ser diferente-, nos dimos cuenta que nada era muy antiguo allí si lo comparamos una ciudad media europea, pero nos pareció muy interesante como explicaban las cosas.

A la hora de comer fuimos a Apapacho un restaurante vegano que además es un museo de murales, tiene una librería feminista y una tienda pequeña de productos naturales. Probamos el mole – una salsa a base de cacao-, que no nos gustó mucho, tendremos que probar más, pero la demás comida estaba exquisita. 

Por la noche paseamos un poco más y nos fuimos a dormir, el día siguiente nos esperaba otro pueblo.

Si hubiese tenido más presupuesto les hubiese comprado algo. Todo a mano y verdaderas piezas de arte.

Día 7: el descanso de la guerrera

Cenote Samula

¿Sabes cuando encuentras una cafetería que te encanta, te hace sentir cómoda y la comida está buena y al que vuelves muchas veces? Pues eso nos pasó en Elela Vegan Organic mientras estábamos en Valladolid. Por la mañana vistamos el cenote Samula y nos bañamos un rato allí.

Después fuimos al hotel que fue más una experiencia que un simple hospedaje, el Hotel Zentik es un pequeño secreto: es rústico a la vez que costero. Pero aún más que eso digamos que tiene hasta una leyenda por la que podéis preguntar en recepción. También hamacas por todos lados, habitaciones preciosas y perfectas para un retiro y hasta zona nudista. Pero mi parte favorita esta abajo, en la cueva, una gruta artificial pero maravillosa de agua caliente

No os voy a contar la leyenda porque hay que vivirla pero solo os diré que por la madrugada me levante, busqué la magia del lugar y más tarde me metí sola en la cueva. No había nadie, fueron cuarenta y cinco minutos de meditación profunda, donde mucha información de futuros proyectos aún secretos se desvelaron.

Delicioso desayuno, maravilloso servicio y sensaciones de relax nos hicieron sentir muy a gusto. No hace falta decir que dedicamos todo el día allí, entre el relax y los pequeños impulsos de saltar al agua de la cueva o de la piscina.

Hospedaje: Hotel Zentik – https://www.hotelzentik.com

Día 8: Valladolid

Este fue el día en que realmente visitamos el lugar, paseamos por sus calles y poco más. Lo cierto es que con medio día tenéis suficiente según mi punto de vista. Si es de noche mucho mejor, porque hacen una bonita proyección en la fachada del Convento de San Bernadino de Siena y hay una calle perpendicular a este que de noche se llena de vida, tiendas bonitas muy auténticas donde comprar suvenires y restaurantes donde cenar y bailar con música en directo.

Convento de San Bernadino de Siena

Día 9: Holbox 1.0

Pronto por la mañana Martin quería ir al cenote Zaci a bañarse un rato, está en medio de la ciudad y solo costaba dos euros. Después y en nuestro coche de alquiler subimos hacía Holbox, dejamos de respirar durante media hora, pues nuestra situación era: depósito en reserva y la gasolinera a treinta minutos. No sabéis la angustia que pasamos pero fue ver llegar el cartel luminoso de gasolinera y una bocanada de aire salió de nuestros pulmones. Nosotros que ya estábamos gestionando la logística de “Bueno pues tu te quedas en el coche con las maletas y yo voy corriendo hasta la gasolinera” Obviamente la de correr no era yo. 

Calles de Holbox

Después de llenar el depósito llegamos hasta Chiquilá, allí se aparca el coche en un parquin vigilado y caminamos diez minutos hasta el ferry que nos costó 200 pesos por persona por trayecto (10 euros). Treinta minutos después llegamos a la isla y vi el cielo, casi literalmente: porque la sensación es justo esa que estás buscando cuando quieres ir a una isla con gente pero, la justita para que no pierdas el punto paradisiaco. 

Comimos en un restaurante que no os voy a recomendar y después de hacer el check-in en el hotel fuimos directos a la playa. Paseamos un trozo, hablando reconectando mucho -echaba de menos hablar con Martin sobre tonterías que nos importan y planes de futuro que nos ilusionan a los dos-. Al final veíamos la puesta de sol desde un chiringuito con música en directo “Rock británico” muy Martin style y allí pedí un “Margarita para la señorita”. La puesta de sol estaba en su color perfecto, unas tonalidades doradas que iluminaban hasta la arena, así que como el buen rollo estaba en el aire me levanté y saqué a bailar a Martin -nadie más bailaba pero nada más importaba-. 

Por la noche después de cenar unos noodles de verdura paseamos por el pequeño pueblo, bailamos en un bar al aire libre y llamamos a un taxi que son como carritos de golf. Le pedimos que nos llevase hasta Punta Cocos para ver la bioluminiscencia. Nos quedamos con el número de teléfono del taxista para que nos viniera a recoger -teníamos número de teléfono mexicano-, ya que éramos los únicos en la playa y no había tráfico ni nada. Cuando llegamos a la orilla no vimos nada especial pero un regalo de la naturaleza que no sabría explicar científicamente nos esperaba -os lo resumo en que cuando hay olas y esta muy oscuro allí se puede ver luces en el agua-. Nosotros llegamos al final de la temporada de este acontecimiento así que en principio no vimos nada porque no había olas. Pero Martin se desnudo salto al agua y se puso a saltar como un niño pequeño, del agua que chocaba con su piel pequeñas chispas de luz resucitaban y yo miraba el espectáculo desde la orilla. Después el taxista nos vino a buscar y volvimos al hostal a soñar con el día siguiente.

Playa Holbox

Día 10: Holbox 2.0

Nos despertamos y fuimos a Clandestino Café una maravillosa cafetería a beber un riquísimo latte de avena y comer unas deliciosas tostadas de aguacate. Escribí durante un rato ya que la inspiración me atacó mucho durante este viaje. Más tarde fuimos desde nuestro hostal hasta Punta Mosquitos andando, mi parte favorita fue andar en el agua que te llegaba hasta las rodillas. Os recomiendo ir pronto para ese efecto sin turistas, Martin y yo estuvimos hablando largo y tendido sobre uno de los proyectos que me tiene muy ilusionada y la recompensa fue llegar al paraíso. Nos tumbamos muy a gusto en la arena casi blanca, remojados en el agua turquesa y medio secos por el cálido sol y así estuvimos un rato hasta la hora de comer donde fuimos a El Encuentro.

Punta Mosquitos

Un par de horas más tarde estábamos en el ferry de vuelta a nuestro coche, tristes por dejar Holbox y el paraíso que suponía. Pero estábamos deseosos de continuar el viaje, un par de horas después estábamos en Cancún en un muy bonito localizado cerca de la estación de autobuses principal de la ciudad que nos daba libertad…  nos duchamos y nos fuimos a dormir. Al día siguiente nos esperaba una gran aventura.

El Encuentro

Día 10: Submarinismo en Cancún (MUSA) y el seísmo.

La emoción hizo de despertador. A las ocho estábamos en pie y a punto de desayunar, fuimos hasta el punto de encuentro acordado y vinieron a recoger el coche -nos despedimos hasta con pena de nuestro fiel carro-, y entramos en las instalaciones preparados para rellenar papeles.

Nosotros ya habíamos buceado en Ibiza antes (bautizo), porque así ya teníamos la confianza de hacerlo con un poco más de soltura ahí. Y la verdad es que se notó la diferencia, porque nos movimos como peces bajo el agua, un buen instructor nos dio muchas recomendaciones buenas y juró por su honor que no nos iba a abandonar en ningún momento.

Di lo que se llama el paso de gigante y el agua inundó todos mis sentidos, de repente me sentí muy liviana y seguí la cuerda hacía abajo haciendo compresiones en mis oídos. Bajamos diez metros y yo jugando a ser una sirena de H20. De repente el agua  se sentía hogar y las estatuas empezaron a aparecer a nuestra vista, no puedo explicar el respeto que me vino en el alma cuando las vi allí entre corales nuevos y caras fantasmales. Toda estatua con una historia y como si fuesen los restos del la misma Atlántida. Los cuarenta y cinco minutos más rápidos de mi vida, de repente ya volvía a estar en la lancha. 

Segunda inmersión, el arrecife chico, pero de pequeño nada, rocas con miles de especies animales y corales que no había visto jamás. Bancos de peces a los que me sentí atraída a nadar con ellos. El monitor me paró, gracioso que yo ya me sentía tan en casa. De repente un ruido como si una gran lancha pasase por encima de nosotros llamó nuestra atención, miré hacía arriba “nada”. Dos segundos después un banco de peces pasó “volando” por nuestro lado, digo eso porque en un segundo los vi y dieron dos aletazos y ya no los vi. El monitor, Martin y yo nos giramos asustados pensando que venía un megalodón. Pero otra vez nada.

Después de otros cuarenta y cinco minutos ya estábamos en la lancha otra vez y la primera pregunta que nos hacen es :

“¿Lo habéis sentido?” 

“¿El qué?”

“El seísmo, viene desde Cuba y ha atravesado Isla Mujeres hasta también nosotros”

Pues imaginaos la cara nuestra: incredulidad, nosotros tan tranquilos y ahí un seísmo. 

Una vez en tierra el hambre nos atacó, ya sin coche usamos el autobús hasta llegar al restaurante Veggie 2 Go donde comimos. Al llegar al hotel nos duchamos a duras penas y nos tumbamos en la enorme cama, vimos películas lo que quedó de tarde y nos fuimos a dormir.

Vegan Hot Dog

Día 11: Gracias Yucatán, Quintana Roo y Campeche

Por la mañana nos desperezamos, subimos a la piscina pasamos allí un rato y nos fuimos a la estación de autobús con dirección al aeropuerto. Lo que más pena me dio fue despedirme de la jungla y de su naturaleza más salvaje. Como ya he dicho miles de veces las despedidas no se me dan bien, pero los recuerdos se graban en mi mente para siempre. 

La guinda de la humanidad

Hay tres cosas que me pasaron en este viaje que quiero mencionar con mucho amor. 

El primero fue en Caleta Yal-ku. Mientras Martin y yo intentábamos ver que nos ocultaban las profundidades marítimas vino un grupo de turistas con guía. Él, al vernos intentando mantener el equilibrio en una roca mientras limpiábamos las gafas de buceo -quien dice limpiar dice escupir saliva en ellas para que no se empañen-, se ofreció a ayudarnos a limpiar las gafas. Yo ya tenía miedo que fuera a escupirme en las gafas pero arrancó unas hojas del manglar que teníamos al lado, se las metió en la boca y empezó a masticar. Entonces puso una cara de asco y repulsión y se puso a despotricar como un marinero del mal gusto que tenían las hojas. Luego restregó el jugo en nuestras gafas y nos las devolvió. No hace falta decir que no se nos volvieron a empañar. 

Lo que quería destacar es que no éramos de su grupo, el no tenía por qué pasar un mal rato masticando aquello y tampoco nos pidió propina. Lo hizo porque quiso y lo hizo desde el buen rollismo y la simpatía. ¡Qué lindo es México y qué bonitas son sus gentes!

La segunda historia fue en Bacalar. Por la mañana fuimos a desayunar, nos prepararon un desayuno vegano improvisado muy rico y nos sentamos en una de las mesas bajo el sol. Una señora en la mesa de al lado lleva chaqueta y yo voy en tirantes, la miro me mira y le sonrió. Tres segundos más tarde empezamos una conversación sobre el tiempo y lo diferentes que somos a la hora de tolerar las temperaturas. Para mí era verano para ella era invierno. Cuando supo que era española me pidió consejo porque venía a Europa y no sabía por dónde pasar desde Portugal a Bruselas, yo he hecho la mitad de ese viaje así que entablamos una conversación sobre ello a la que se unió el dueño del hostal. 

Momentos bonitos entre lugareños que me hicieron feliz y me aportaron mariposas en el estómago.

La última historia que os quería contar fue en Cancún. Martin y yo estábamos comiendo en un restaurante vegano muy escondido y apareció una mujer y su marido cantando. Pedían propina por ello, nosotros ya de bajo presupuesto les dimos algo. Yo estaba un poco incomoda porque éramos los únicos en el restaurante y no les íbamos a dar mucho, intentaba centrarme con la comida pero de repente ella cantó. Tenía una voz preciosa, y me dio tristeza no reconocérsela, cuando acabó la mire, sonreí y aplaudí. 

Entonces me di cuenta que ella estaba nerviosa y que estaba pasando un mal rato, supongo que se sintió comprendida por mi reacción y se lanzó a mi en un largo abrazo y me dio las gracias. No sé que reflexión hacer de esto pero supongo que tiene algo que ver con el apoyo humano, femenino y simplemente con el amor.

Gracias.
Por el calor, por la vida salvaje y por ser simplemente así.

Oda a México

Tengo una libreta preciosa verde llena de garabatos y una lista en bruto de cosas que os quiero hablar. Pero no puedo. Estoy aquí sentada en una hamaca en el hostal más tierno de la historia, comparto jardín con otros huéspedes y estamos todos en un harmonioso silencio acompañado. Un señor mayor cojea con su pizza y me pregunto si se sentirá solo, la chica que esta a mi lado está tan cómoda que se está quedando dormida y hay dos chicos sentados en la mesa llena de flores que no paran de crear algo en una libreta. Uno de ellos le escribe a su abuela que acaba de fallecer lejos, yo le he dicho que es especial que esté en este país donde la muerte es algo tan bonito. Delante de mi hay un pozo de los deseos y yo ya sé cual pediré: volver. 

De alguna manera fui criada en base a los sentimientos, o estos me salvaron de un mundo a veces con demasiadas sombras. Pasé mucho tiempo escribiendo cuando era pequeña y luego llegó la adolescencia y me bloqueé. Dejé de escribir, la fuente de sabiduría interior que siempre me había acompañado parecía seca y mi creatividad no era más que una hierba mustia en el suelo de la fuente. Esta igual es una manera muy poética de decir que simplemente estaba aprendiendo lo que la sociedad quería de mí y yo me estaba esforzando mucho en pertenecer, a todos, excepto a mi misma.

Llegaron momentos más duros -como a todos nos pasa- en los que mi modo de supervivencia activó un instinto muy primitivo “la huida”. Viajar se convirtió en mi manera de alejarme de lo que me dolía, me sentía muy conectada a la naturaleza, las personas y el aura de lugares lejanos. Un rasgo muy característico en mí que igual no digo en voz alta -hasta ahora claro está-, es que siempre he sido por naturaleza antropóloga. A veces me quedo embobada mirando a alguien, observando como se mueve, como reacciona, y como interactúa con su entorno. Esto me ha servido mucho para “calar” a las personas, para sentirme atraída a ellas o aprender a ser mejor persona aunque, como todos también, me he llevado sorpresas no tan buenas. Pero a día de hoy viajar es mucho más: son las ventanas que el mundo me abre y que su imagen refleja quién soy. ¿Irónico verdad?

Antes de México

Así que os pido perdón a los que esperabais otro tipo de artículo, pero necesitaba poner en palabras esto antes de que el tiempo me lo arrebate de la mente. Lo que me ha pasado en México era muy poco esperado, fui poco emocionalmente preparada. Este viaje me pilló como oasis en el desierto, en un momento muy visceral de mi vida -toda mi vida es muy a flor de piel-, pero lo cierto es que necesitaba aire.

Yo no organicé el viaje por extraño que parezca -pues casi siempre creo rutas y me meto mucho en el tema- pero como ya he reiterado estaba en un momento muy poco centrada. Así que me subí al avión a ciegas pero con confianza plena en Martin que planifica tan bien o mejor que yo. 

¿En mi mente un borrón de las experiencias que mis allegados me habían explicado pasaba por mi mente como una nube que a veces tapa el sol? A veces me acordaba, a veces no, ideas preconcebidas lo llaman. También venía asustada con las experiencias negativas que algunas personas habían vivido, eso en parte me condicionó. Pero a día de hoy y tres semanas después aún no me ha pasado nada y -por favor toquemos todos madera- esperemos que siga así.

La mirada méxica

Durante México

Carrie Bradshaw vivió un “mexicoma” cuando vino a parar aquí y, aunque en su película lo vivió de una manera, yo -aunque pueda apodar igual el sentimiento- la sentí muy distinta. México me mató de amor. 

Son sus palabras dulces, sus maneras amables y su humildad las que me demostraron que nunca podría ser tan bondadosa como ellos y ellas -y ya sé que en todas las ensaladas hay garbanzos podridos-, pero no estoy hablando negativamente. Hay cosas que me rompieron el corazón aquí de pena pero me di cuenta que hay tanto que no entiendo que no soy quién para juzgar.

En Ciudad de México hemos vivido con nuestros amigos alemanes y desde que conocí a los amigos de mis amigos -el primer día- mi perspectiva cambió mucho. Estaba en un rooftop manteniendo una profunda conversación sobre la ética humana cuando hice la pregunta que me moría de ganas de hacer ¿Qué pasa en México para que no prosperéis como la sociedad espera? Cuando empecé a escuchar todas las razones me di cuenta que no sabía nada, que la historia de mis libros no está bien contada -o al menos no está completa-, que las noticias me manipulan muy gravemente y que desconozco todo para venir incluso a este blog y contar nada. 

Fue la humildad con la que me contaban anécdotas o se emocionaban por saber que era española, me preguntaban sobre fútbol -imaginaos mi cara- pues yo sé bien poco del tema. Humildad de verdad, de la que viene de la bondad y la pobreza o de tener solo lo suficiente para vivir, que contrasta con los grandes magnates de México. Un país de contrastes.

La humildad del señor que llevaba la barca

La simpatía de la compañía que nos alquilaba el coche y su preocupación por que nos sintiésemos seguros “Cualquier problema ustedes me llaman si no se sienten seguros”. Su piel morena contrastaba con su sonrisa blanca y esos mofletes que enmarcaban su dulce cara. También el señor que nos ayudó a pagar el parquímetro y nos pidió perdón por no atendernos antes, como si lo hubiese podido evitar.

A la recepcionista que vio el brillo en mis ojos cuando me contaba mitología sobre el lugar y me contó una leyenda secreta entre los trabajadores para saciar mi sed de aventura. No hace falta decir que me levante por la noche como una niña pequeña a explorar a ver si veía algo de esa magia.

Mi monitor de buceo que me cogió de la mano cuando me arranqué las gafas y no podía vaciarlas de agua. Me sujetó con fuerza enraizándome a la situación cuando yo estaba flotando entre el agobio. Además de nuestros amigos que nos dieron todas las facilidades y desayunaron -preparando bonita la mesa cada mañana entre legañas-, comieron y cenaron vegano con nosotros todos los días.

A todas las mayas que me sonrieron con la más brutal de las sinceridades, a ellas desde la feminidad más ancestral, desde su pequeña altura, sus trenzas de colores y su pieles de chocolate “Gracias”. A nuestro guía que empezó con la frase “Yo hoy voy a ser vuestro amigo”, ¡Ay si muchos hombres hubiesen empezado así las reuniones, muchas guerras nos hubiésemos ahorrado!

La sonrisa más bonita la tiene ella

Tampoco me puedo olvidar al señor mayor de la librería perdida, hizo muchas bromas, me contó muchas historias ancestrales y me sacó treinta libros que me podían gustar. Una piel anciana muy apuesta que me baño en toda su sabiduría, al final me dio el libro de las diosas mexicanas. Y tengo un proyecto precioso para ellas. Había una diosa tocando en un tejado cuando vimos el atardecer, acompañados de sus acordes dedicados para sus abuelos fallecidos. 

Me olvido de muchas cosas que puede que con el tiempo recuerde, pero esas me las quedaré para mí. Porque ahora sois vosotros a quienes os toca vivir la calidez mexicana, a vuestra manera. 

Martin dijo una frase que me quedó muy grabada “Creo que los méxicas antes que llegásemos los españoles vivían bastante en paz. Y de esa manera pudieron desarrollar mucho más el arte y menos la guerra”. El arte para mi es algo tan importante: la expresión del humano y ya no tenemos tiempo, porque estamos en constante batalla… 

La artista maya

Después de México

Siempre hago un apartado llamado “La guinda de la humanidad”, para mi es una parte muy importante de cada publicación. Mi intención es mostraros la belleza de la humanidad, la bondad que reside en nuestro colectivo y la facilidad con la que viajar te la aporta.

Voy a escribir pronto -en cuanto revele los cuatro carretes de fotos de mi cámara analógica, seleccione las mil y pico fotos de la cámara digital y edite los miles de videos de la cámara acuática-, mi diario de viaje por todo México, una posible guía para todos vosotros. Lo haré en tres partes: Ciudad de México, Yucatán y San Cristobal de las Casas. Y en cada una de estas escribiré “La guinda de la humanidad” que me haya pasado allí, pero como este viaje ha sido tan visceral aquí voy a poner lo demás.

Jamás me habían aguantado tanto la mirada y lo habrían coronado con una sonrisa amigable, en la calle en los museos, en el baño, en el restaurante… Siempre he dicho que ya no nos sonreímos, nos hemos vuelto desconfiados y soy la primera que acaba desviando la mirada cuando me siento incómoda. Pero existen valientes que aún te miran haciéndote saber que existes.

Me han enseñado lo que es una anarquía de perros, a veces una realidad triste, a veces una situación salvaje y preciosa. También he podido apreciar la sencillez con la que pueden llevar la vida, con poquito de lo que tienen. Pero he pillado unas miradas de amor entre familiares que derretirían el corazón de muchos. 

Nunca entendí cada vez que ponía mi mano en el pecho hasta que aquí me di cuenta que me aguantaba el corazón por todo el amor que sentía. No es que el amor me pesase sino que me sobrepasaba en todos los sentidos.

Laia Wandelrust

No sé qué pasará cuando vuelva a España, no puedo adivinar cómo mo me sentiré, mi presunta teoría es que se me caerán lágrimas, me sentiré un poco triste y querré volver pronto. Me dijeron: “Los méxicas son de piel de maíz y sangre de cacao” ¿Qué bonito verdad? Yo a México me lo llevo en la piel.

¿Por qué soy vegana?

¿Qué es el veganismo?

Actitud consistente en rechazar alimentos o artículos de consumo de origen animal.

Rae

Mi historia

No soy distinta a casi nadie en este aspecto. Me críe en una familia española -que ama la comida tradicional española-, además mi padre abrió un restaurante en su momento y son muchas las horas que pasé aprendiendo y cocinando con él. Para mí la comida tiene una relación emocional con mi forma de vivir, en España comer con la familia es un momento de unión que crea recuerdos preciosos en la mente del niño y que perdurarán en la del adulto. Pero algo pasó y a raíz de todo lo que os voy a explicar ahora se despertó en mí lo que creo que es el adjetivo que mejor define a mi generación, la consciencia.

La belleza de nuestras raíces más antiguas

Cuando me fui a vivir sola a Barcelona durante mi época de estudiante un nuevo mundo se abrió ante mí, el de la supervivencia. Intentaba gastar la menor cantidad de dinero en todo, incluida la comida. Pasé mucho tiempo intentando crear mis hábitos de alimentación, además pasé por una etapa muy dura emocionalmente. Y como a muchas personas les pasará, la comida es una de las cosas a las que se recurren para sentirse bien. Este cóctel de situaciones provocó que engordase y dejase de sentirme saludable. Lo cierto es que yo misma me hice eso, pero estaba aprendiendo, como ya he dicho, a sobrevivir a esta nueva vivida. 

Después la vida me reunió con unas amigas que me llevaron a comer al restaurante Flax&Kale en la ciudad Condal. Allí mismo, y sin la voz patrocinada de mi familia recordándome lo importante que es la verdura, descubrí que era el flexitarianismo, pues era la filosofía del restaurante. 

El flexitarianismo consiste en ser un vegetariano flexible, que sigue una dieta rica en vegetales pero en ocasiones sigue consumiendo carne

La Vanguardia
Flax & Kale

Y así empezó mi nueva relación con la comida, como mujer del siglo XXI somos muchas las que sabemos lo duro que es crecer y creerse los estándares de la sociedad que te dicen cómo ser, incluso estamos hartas de saber esto y que esta imposición siga en nuestra cabeza. Pero os lo tenía que decir, yo también entiendo lo que esta sociedad le ha hecho al hombre y a la mujer en estándares de belleza.

La deliciosa comida del Flax&Kale

Así que desde ese día cuando cortaba el pollo sentía un asco que antes estaba camuflado, y dejé de comer carne. El pescado me miraba con sus ojos vidriosos y ya no quería tocarlo, me daba pena. Este proceso duró unos dos años, recuerdo que todo el mundo a mi alrededor se reía de mi término “flexitariana” cuando trataba de explicar por qué no comía ciertas cosas. Y en parte lo entendía, poner etiquetas es algo tan típico del humano, incluso dañino, pero a la vez hay que reconocer que todos necesitamos pertenecer a algo. En mi caso, yo estaba empezando una nueva relación con la comida.

Luego llegó mi Erasmus a Países Bajos, viví allí durante seis meses en lo que yo llamo mi época de empoderamiento. Vivía sola con dos compañeros neerlandeses, pero todo era nuevo, no había nadie de mi ámbito normal y eso significo un gran empoderamiento de mi misma como mujer y como superviviente extranjera. Llegué ahí ya con la determinación de ser vegetariana pues había visto ya demasiados videos en redes sociales sobre animales maltratados y me enganché al Gouda como quien lo hace del azúcar, incondicionalmente. He de comentar que desde los tres años de edad yo no consumo lácteos, los aborrecí y aunque mi familia intentaban que los tomase jamás sucumbí. A día de hoy soy muy feliz de ello y he demostrado tener una densidad ósea maravillosa.

Cuando volví a Barcelona de mi Erasmus volví como vegetariana o como llamarían muchos (Ovolacteovegetariana). Pero esto duró poco, me esperaba una transformación importante que cambiaría muchos aspectos de mi vida. Una tarde que estaba tumbada en la cama después de la universidad me aburría y de repente vi un video que me llamó mucho la atención El mejor discurso de Gary Yourofsky”. Así que convencí a Martin – que tenía el mismo tipo de dieta que yo- de verlo juntos, después de muchas explicaciones muy elocuentes y duras, recuerdo el glorioso momento que dijo “y esta parte va para los que no conciben una vida sin queso” parece que miraba a la cámara y me miraba directamente a mí.

El vídeo que me hizo vegana.

Cuando el video acabó Martin y yo nos miramos y él dijo “Bueno parece ser que ahora vamos a ser veganos”. Después nos vestimos inmediatamente y nos fuimos a comprar, la primera compra vegana de nuestra vida que duró la friolera de dos horas. Aprendimos que hay una cantidad ridículamente grande de productos que llevan leche o proteína de leche que podrían no llevarla. 

Esa noche antes de irnos a dormir vimos el documental de Netflix Cowspiracy, ya que ahora queríamos saber más y queríamos estar bien informados. Este film explica los efectos que tiene no ser vegano para el medio ambiente, os suena seguro los desastres naturales que estamos viviendo y lo terrible de cómo nuestro hábitat se esta destrozando.

Trailer Cowspiracy

Aquí os dejo el link del documental completo en Youtube para los que no tengáis Netflix. Esta en español. https://www.youtube.com/watch?v=WWP2qW6oMGo

A la mañana siguiente nos fuimos a Madrid a ver a unos amigos, aparecimos con la frase “ahora somos veganos” y juntos nos fuimos al supermercado a mirar etiquetas. Os prometo que con el tiempo -un mes más o menos- ya no necesitas pasar mucho tiempo en el supermercado. Ya sabes que productos quieres y puedes consumir. Además vivimos en un momento de la historia que encontrar opciones veganas no es imposible incluso me atrevería a decir asequible. 

Durante ese fin de semana vimos otros documentales y con el tiempo nos fuimos informando, siguiendo a veganos en redes sociales, leyendo libros del tema, artículos y otra vez reestructurando nuestra relación con la comida. 

La siguiente fase que descubrimos fue el documental What the health que explica por qué ser vegano es una opción mucho mejor para el cuerpo que la dieta omnívora. En este punto voy a contestar a dos preguntas básicas que a veces me hacen. 

Trailer What the Health

Aquí os dejo el documental completo para los que no tengáis Netflix. Está en español. https://www.youtube.com/watch?v=4FV3ieIwsrM

¿Si estuvieses en una isla desierta y te estuvieses muriendo de hambre y hubiese un pollo contigo qué harías? Pues por muy feo que me parezca esta pregunta creo que aunque intentaría por todos los medios sobrevivir de otra manera, si no me quedase otro remedio obviamente intentaría sobrevivir yo. Creo que no hace falta más explicación. 

La segunda es ¿Y las tribus que están aisladas y siempre han comido carne? Bien, esta pregunta es complicada porque desconozco la situación real de cada tribu. Creo que yo no soy quien para juzgar dicha situación, pero puedo hacer esta reflexión. Si tengo un supermercado, un huerto o naturaleza comestible a mi mano, yo creo que intentaré sobrevivir a base de plantas. No porque me creo mejor que nadie, simplemente porque quiero evitar maltratar animales, crear terror en sus vidas y finalmente matarlos.

Finalmente, y en relación a este último punto, decidí ver documentales de cómo afectaban mis apetencias animales a estos mismos, lo hice con dos documentales Earthlings y Dominion, recomiendo este último porque es más nuevo y está muy bien explicado. El primero me resulto terriblemente duro.

Trailer Dominion

Aquí os dejo el documental entero en inglés pero subtitulado en español. https://www.youtube.com/watch?v=SdNRhpg8L_E&has_verified=1

Hay muchos otros documentales que os invito a investigar pero para mi estos son los mejores explicados y con una calidad de imagen y gráficos muy buena.

Desde entonces me identifique como vegana, pasé muchas semanas enfadada con la humanidad, con todo lo que había sido impuesto en mi crecimiento como humana -lo que yo consideraba normal-, y también la sensación de necesidad que crecí constante en mi interior ¿Cómo podía compensar todo lo que había provocado a lo largo de los años? ¿Cómo podía salvar a más animales? Hablando con las personas.

Al principio el enfado habla por ti, no es que los demás te parezcan malas personas, pero quieres transmitir esa sensación de necesidad de salvar el mundo y dejar de asesinar animales. Dicen que hay tres estadios cuando les dices a tus allegados que te has pasado al veganismo:

  1. Burla. Las bromas siempre van a estar ahí, pero al principio nadie te toma en serio, o se lo imaginan como una dieta de moda que vas a abandonar. La humildad y el tiempo hablarán por ti. 
  2. Enfado. Se sentirán juzgados, asegúrate de que no lo estás haciendo, porque son pocos los que han nacido veganos, la mayoría también hemos formado parte de esta alimentación omnívora. Y si realmente sabes que no los estás juzgando simplemente no te lo tomes personal, a veces reflejamos en los demás lo que nosotros creemos que está mal en nosotros mismos.
  3. Aceptación. Ya se han dado cuenta de que no vas a cambiar -al menos a corto plazo- ven que estás sobreviviendo y que eres feliz. Les muestras cosas interesantes y aprendéis juntos, se motivarán a cocinar contigo o a sorprenderte con pequeños pasos conscientes en su vida. Esta es la parte bonita, disfrutadla.

Es difícil cambiar mentalidades, de hecho yo estoy segura que una persona no se va a hacer vegana por imposición. El veganismo es un camino al que cada uno tiene que llegar, como el amor propio. No es una ley que haya que seguir, es un camino que a día de hoy puedes elegir. Puedes decidir alimentarte a base de plantas y no tener deficiencias, puedes elegir no herir animales y mejorar y dar esperanza a la Tierra.

Llegué a un punto en que el activismo asomó por mi puerta, amigos veganos que querían que participase en manifestaciones, cubos de la verdad, etc. No he descartado este tipo de activismo pero mi modo de vida no ha permitido participar en ellos. Me frustré mucho por no reivindicarme y salvar el mundo, pero un día me di cuenta de que lo que compartí sobre este modo de vida en redes sociales llegaba a la gente. Me preguntaban cosas y eso también era una manera de activismo. Con esto quiero decir que te tomes tu tiempo para encontrar el activista que llevas dentro y lo hagas a tu manera, el simple hecho de hacerte vegano ya te hace activista.

Y aquí estoy explicando mi vida en prosa, esta es la historia que he contado millones de veces a voz y hoy la escribo para quien quiera empatizar, sentirse comprendido o empoderada para ser el/la vegano/a que desees. Con el tiempo me he dado cuenta que el veganismo es solo una etiqueta, pero que resuena con una voz muy fuerte, por eso me distingo como una, para reivindicar. Pero en realidad me considero más una persona consciente que vegana, puesto que cada día evoluciono y me preocupo por más temas trascendentales como el residuo cero, el feminismo, igualdad de derechos, etc. 

Tres años después y análisis hechos con maravillosos resultados puedo decir que el veganismo hasta le fecha de hoy -voy a ser muy políticamante correcta- ha sido una buena elección en mi vida. Te invito a documentarte, ir al nutricionista si así lo crees y experimientar con una vida saludable. Pero hoy te explico como un cuento la historia del día que empecé a hacer del mundo un lugar mejor, y colorín colorado este cuento aún no se ha acabado.

Y finalmente si decides probar el veganismo solo quiero decirte. Gracias.

con amor laia
Foto: Araceli Navarro

Aquí os dejo un pequeño esquema que hice hace tiempo, igual os ayuda con este caos de nombres. Pero recordad lo importante no son las etiquetas, son los actos.

Islandia

Roadtrip en 7 días

Skaftafell

Las mariposas de mí estomago no murieron ni con el frío islandés.

Hace muchos años que un gusanillo rondaba por mi estómago pidiendo una aventura única, fría, aislada, salvaje y atrevida. Cuando subí en el avión estaba muy nerviosa y emocionada pues hacía muchos años que quería ir a Islandia y acercarme al Polo Norte, como si pudiese llegar a la gran placa de hielo. Cuando empezamos a perdernos entre nubes densas mi corazón palpitaba lento y con intensidad, me sentía alerta y ansiosa por aventura. Y de hecho viví así toda la aventura y el gusanillo paró de repente de moverse en ese movimiento tan visceral. Sentía la sensación de estar exponiendo mi piel a la vida salvaje y eso fue una adrenalina increíble y adictiva. Y de repente hubo un momento que más adelante explicaré en la que la metamorfosis del gusanillo fue completa, las alas de una mariposa que adivino era muy libre acariciaba las paredes de mis entrañas, diciéndome que era libre para explorar el mundo. Y así fue como mi nombre con apellidos tradicionales transformó estos últimos en uno solo, un nombre que me abría las puertas a experimentar y a canalizar mi energía. Allí nació Laia Wanderlust, mi nombre se queda conmigo como la piel y mis huesos, pero mi apellido en esta etapa de mi vida no podía ser otro que Wanderlust, pues explica la necesidad imperiosa de viajar y explorar. Esa soy yo ahora, una exploradora de las Ilíadas.

¿Cuándo ir?

Yo diría que nosotros fuimos en una de las mejores épocas, mitades de marzo, aún se pueden ver auroras boreales, hace frío pero no mueres en el intento, hay bastantes horas de luz, ves paisajes nevados pero también ves el suelo de otros colores y puedes usar toda la carretera principal.

¿Por qué?

Pues porque si quieres ver las auroras boreales tienes que ir en la temporada alta desde finales de agosto a mediados de abril, los puntos fuertes son durante los equinoccios (septiembre y marzo). Durante nuestra estancia no conseguí ver ninguna aurora boreal, y es uno de los sueños de mi vida.

Las horas de luz son importantes, por la seguridad al volante, por la belleza del sol iluminando las montañas, las cascadas y los campos nevados. Las horas de luz son maravillosas sobretodo por las fotografías y las excursiones. Pero supongo que para un retiro la oscuridad no debe estar mal si te hospedas en un spa o cabaña en algún punto perdido del norte.

Me parece perfecto esta temporada porque hay contraste de colores, sigue habiendo nieve por todo pero puedes ver también suelos ocres y playas negras. Supongo que si vas en verano ese contraste no incluirá tanto blanco. Pero la temperatura será más agradable en verano y tendrás otro tipo de actividades disponibles.

Advertencias

  1. Islandia es cara, no os voy a engañar, una semana allí actuando como una mochilera me costó más que un viaje de mochilera durante doce días por el centro de Europa.
  2. Si alquilas un coche te aconsejo que vayas con mucho cuidado y que alquiles un seguro a todo riesgo. Dormir. Antiguamente podías dormir en cualquier sitio, ahora ya está regulado y tienes que pasar la noche en campings. Una de las razones por las cuales lo veo lógico es que hay que ser conscientes que podríamos aparcar en lugares peligrosos y despertarnos en una avalancha. Y a su vez, vive gente por todos los lugares, es decir las tierras pertenecen a personas, por lo tanto eso se debería respetar. Nosotros pedimos permiso alguna vez a los dueños para dormir en su terreno.
  3. Con los coches normales solo puedes ir por la carretera central N1, solo los 4×4 indicados pueden ir por las carreteras del centro (muchas veces cruzan ríos).
  4. Resiliencia, a veces cuándo hay tormentas cierran carreteras, entonces hay que respirar y tranquilizarse, entender que no puedes hacer nada y disfrutar del tiempo de descanso. Además de ir informándose en la web http://www.road.is/travel-info/road-conditions-and-weather/
  5. Mar y sus olas. Cuando una se hace fotos cerca de las olas hay que mirar más hacía atrás que adelante, pues una de sus olas te puede arrastrar fácilmente hacia dentro. Y el rescate -si tienes suerte- será muy desagradable.
  6. El tiempo cambia literalmente cada 5/10 min puede nevar como si se acabase el mundo, granizar, llover, incluso que el viento feroz te dificulte caminar o el sol te deslumbre. Ante todo paciencia.
  7. Ropa calentita, importante y capas como una cebolla, así cada cinco minutos dependiendo del tiempo te puedes acomodar sin que todo resulte en una gripe.
  8. The Blue Lagoon, las entradas se agotan, así que reservadlas con antelación. Si te metes en las aguas calientes que la naturaleza ofrece te doy dos consejos: entra sin joyas para que no se estropeen y si puede ser sin que el pelo se te moje, porque hay mucho azufre. Por otro lado el agua de los grifos y naturaleza es potable y maravillosa, no te olvides tu cantimplora.
  9. Si vas en coche, reposta en todas las estaciones que encuentres, no hay una en cada esquina, así que si no quieres quedarte tirado en medio de la nada, cada vez que veas una rellena.
  10. No te hagas la valiente si no lo ves 100% claro, hay muchos casos de gente que muere o sufre accidentes graves por aventurarse demasiado sin conocimiento. Así que si algo no está regulado y no vas con alguien que sepa igual no es buena idea.

Itinerario

Día 1: Llegada a Reykjavik

Nuestro vuelo fue desde Edimburgo con Easyjet hasta el aeropuerto de Keflavik, no hubo ni una turbulencia, pero si nos adentramos en unas densas nubes que se tragaron el avión. Para mí fue como cuando Lucy entra en el armario y sale en el paisaje nevado de Narnia, la sensación fue diferente, la esencia del lugar estaba impregnada de otro sentimiento, más recogimiento o paz.

El Shuttle bus, aunque no es muy barato, es lo más económico. Lo compramos en la taquilla directamente desde el aeropuerto y nos dejó en el centro de la ciudad. Tardamos unos cuarenta y cinco minutos en llegar al centro y nos fuimos directos a nuestro albergue http://www.hlemmursquare.is nosotros lo reservamos a través de Booking. Nos fuimos directamente a dormir y nos despertamos pronto para aprovechar la mañana recorriendo la ciudad.

Día 2: Reykjavik

Nos despertamos, desayunamos en la preciosa cafetería del albergue y nos fuimos directos a explorar la ciudad. La primera parada fue el Tales from Iceland, es un museo muy acogedor, un lugar lleno de proyecciones que te hacen entender mejor la cultura moderna de los islandeses. Además son tan hospitalarios que te invitan a una bebida caliente y a pastas. https://www.tales.is

Después dimos un paseo por el centro mientras nos dirigimos a la siguiente atracción, The Saga Museum. Fue sin duda mi favorito, te explican a través de muñecos de cera y decoración – como si hicieses un viaje en el tiempo- cómo se pobló Islandia por los vikingos y su evolución en general. Al final del tour puedes vestirte de la época y hacerte fotos. https://www.sagamuseum.is

Corrimos hacía nuestra siguiente parada, el free tour. Yo siempre digo que al llegar a una ciudad nueva me parece importante descubrir la ciudad con conciencia y para ello los free tours son una maravillosa manera de hacerlo. Pues pagas la cantidad que consideras justas al guía, eso les hace a ellos motivarse para hacerlo muy entretenido y nosotros aprendemos a poner precio a la cultura según nuestras posibilidades. Puedes elegir entre muchos tipos, en nuestro caso siempre empezamos por el básico con historia https://citywalk.is.

Nos perdimos por las calles intentando encontrar algún lugar con opciones veganas, pero como acabamos el tour bastante tarde y estábamos muy cansados de andar, nos paramos en el primer bar donde vendiesen patatas fritas y llenamos nuestra barriga rápido, listo ya para la siguiente fase.

Volvimos al aeropuerto de Keflavik con el autobús y allí nos vinieron a recoger la empresa con la que alquilábamos el coche (que no recoge a sus clientes en la capital). Una furgoneta que era suficiente para dos sería nuestra casa móvil para cinco noches. Nosotros alquilamos un seguro todo incluido y la verdad es que menos mal porque nos pasó algo muy típico en Islandia, un trozo de grava chocó contra la luna frontal del coche y la agrietó. Gracias al seguro no tuvimos que pagar nada extra.

La siguiente parada fue el supermercado pues éramos conscientes de que no sabíamos cuándo sería encontraríamos el próximo. Los más baratos son Bonus y Kronan y están muy bien servidos.

Hallgrímskirkja

Día 3: Golden Circle 1.0

Nos despertamos muy pronto. Hacia las siete y media ya estábamos en el pie de la montaña que íbamos a subir: Reykjadalur Hot Spring. El camino estaba poco marcado pero los primeros exploradores marcaron el camino y fueron sus huellas las que me guiaron. No os voy a engañar, la subida es moderada y cualquiera que mantenga un ritmo de vida activo lo puede subir sin problemas, pero al fin y al cabo es una montaña con desnivel. Así que paciencia, desayunad bien y poco a poco. A lo largo del camino podréis observar montañas nevadas, agujeros de agua caliente (a 100ºC), el bonito humo que sale de ellos y finalmente un rio con agua caliente.

Llegamos y todo estaba tranquilo y desierto, solo una pareja descansaba en bañador dentro del agua y si lo sé es porque vi sus dos gorros de invierno en sus cabezas asomar por una de las curvas del rio. Martin y yo nos fuimos más lejos para dejarles intimidad, me puse muy seria creando algún algoritmo imaginario sobre como podía quitarme la ropa y pasar la menor cantidad de frío posible mientras entraba hasta el agua. Imposible, por muy rápido que fuese llevaba tantas capas de ropa que me congelé igual. Pero al entrar en el agua la historia cambia, el agua esta a una temperatura perfecta. Al principio me picaba la piel por el contraste de temperatura, pero después me relajé y me dejé llevar por la tranquila corriente, mi piel se sentía acariciada por las rocas del suelo. Al mirar a mi alrededor y poder sentir esa paz, ver las montañas solas a mi alrededor, el cielo de un lugar tan lejano me emocioné. He vivido pocas experiencias tan purificares como esas, me sentí más libre y salvaje que nunca, me sorprendí siendo Laia Wanderlust. Pues me encontré en un río perdido en Islandia y entendí que para despertar más partes de mi interior tenía que recorrer el mundo y así activar cada poro de mi alma.

Cuando empezó a llegar mucha gente nos cambiamos el bañador por la ropa calentita y nos fuimos al siguiente destino a media hora en coche: Kerid Crater. El precio es barato y si no has visto nunca un cráter vale la pena, como fue mi caso, pero es una experiencia que por colores es mejor verlo en verano.

Nuestra siguiente parada a 40 min en coche fue fuente termal Hrunalaug, hay una pequeña caseta de madera donde poder hacer una donación y cambiarse. Tiene dos piscinas y la experiencia es preciosa, hay una ley no hablada en Islandia, si vas a una fuente termal o lugar de espacio reducido, como buen humano dejas intimidad a esas personas dando una vuelta por los alrededores, la gente suele tener consciencia y al cabo del rato te dejarán el espacio libre. Los detalles del lugar son increíbles, porque puedes ver runas vikingas en el tejado de la caseta, las runas son el alfabeto que ellos usaban. Al acabar de darnos un baño muy relajante intentamos cocinarnos una pasta – que acabó siendo muy al dente).

La última parada del día fue la cascada de Seljalandsfoss a una hora aproximadamente en coche, intentamos llegar para el atardecer y pudimos captar algo de esa luz dorada tan famosa, pero llegamos un poco tarde. El párquing es grande, y el paseo hasta la cascada son cinco minutos, puedes verla por todos los lados, simplemente cuidado con no resbalar.

Día 4: Golden Circle 2.0

Pronto por la mañana fuimos a Reynisfjara Beach había muchísima gente y conseguir hacer alguna foto era bastante difícil pero de repente todo el mundo se fue, yo estaba tan absorta con la cámara que no me dí cuenta que tiempo había cambiado y las olas se habían vuelto muy salvajes. Eso es una de las grandes advertencias de Islandia, las olas pueden sorprenderte y si te alcanzan llevarte hacía abajo, muy peligroso. La playa es preciosa, el contraste del agua grisácea, la arena negra brillante por el agua en contraste con la nieve y las rocas geométricas son un espectáculo de la naturaleza.

A esta parte del viaje nos quedaba poco dinero pero queríamos ver uno de los glaciares más importantes Skaftafell a dos horas de coche, una excursión acompañada es bastante cara pero nosotros dimos un paseo por los alrededores y pudimos tener una visión bastante bonita del glaciar. No os aventuréis entre placas de hielo solos porque es muy peligroso.

Jökulsárlón, a una hora en coche es el fin de un glaciar que desemboca en un muy profundo lago, icebergs flotan pacíficamente en él y se reflejan en sus tranquilas aguas, simplemente precioso.

Diamond Beach a diez minutos andando, este lago desemboca en el océano por un canal, los trozos de hielo flotan por él hasta el mismo océano y a veces los trozos se quedan en la orilla. Con el reflejo del sol los trozos de hielo parecen joyas que contrastan sobre una manta de terciopelo de arena negra.

Y hasta aquí el Golden Circle, muy abundante en turistas, nuestra última parada del día ya se salía de esta ruta. Nuestra aventura de verdad empezaba en ese instante y las Vestrahorn Mountains fueron mi parada favorita de toda Islandia. Una hora en coche más al este llegamos a una casita de madera, allí pagas la entrada para llegar más allá hasta tener la perspectiva deseada de las montañas. Puedes entrar en coche o andando, nosotros escogimos la primera opción y llegamos hasta las dunas de arena negra, donde Martin jugó un rato. Caminamos hasta estar justo enfrente de las montañas, el cuadro que podéis esperar son las montañas erguidas con orgullo al final, la playa a la derecha baña la arena negra y entrado el anochecer la arena mojada crea un espejo que regala un cuadro simétrico natural gigante.

Processed with VSCO with f2 preset

Después volvimos a aparcar en la pequeña cafetería de madera y caminamos quince minutos hasta el set de rodaje de una película que nunca se grabó. Es un pequeño poblado que representa un pueblo vikingo, es falso pero está muy bien hecho y no pude evitar montarme mi película.

Día 5: La gran tormenta

Nos despertamos otra mañana sin haber visto ninguna aurora boreal, hicimos café y conducimos tres horas y media hasta Egilsstadir. Allí paramos a reposar en una gasolinera con restaurante estilo años cincuenta y, muy amablemente nos informaron de que acababan de cerrar todas las carreteras a nuestro alrededor porque llegaba una tormenta. Esto dejó a Martin en shock, a mí con un ataque de risa nervioso, si os pasa eso paciencia y resiliencia, de vez en cuando hay que llamar al servicio de carreteras que os informa de su estado y os pueden comunicar cuándo está previsto abrir las carreteras. http://www.road.is

En nuestro caso solo podíamos comer y mirar películas en la parte de atrás de nuestra furgoneta, aparcamos en el camping del pueblo y ahí nos quedamos esperando a la mañana siguiente.

Día 6: El norte

La carretera fue despejada por las máquinas quitanieves muy pronto, hacia las siete de la mañana ya podíamos volver a circular y el paisaje me dejó anonadada. Llega a un punto donde una gran llanura de nieve es todo lo que te rodea, alguna montaña igual de impresionante se puede ver a lo lejos pero nunca he tenido la sensación de estar en las puertas del cielo o como a mí me gustaba llamarlo Valhalla, como en esta situación. Estaba muy concentrada porque la nieve lo cubría todo pero era precioso ver esta gran manta de nieve casi sin coches y sin vida humana.

La cascada de Goðafoss está a dos horas y media en coche y es una de las demostraciones de la naturaleza islandesa sobre el agua, el hielo y la fuerza de todo ello combinado. En medio de toda esta inmensidad blanca la cascada de agua corre ferozmente entre caídas de rocas, creando incluso estalactitas de hielo en sus bordes.

Hvítserkur es la joya que encuentras después de 5 horas bordeando la costa norte de Islandia, en cierto punto del trayecto la carretera se vuelve estrecha y en este caso muy resbaladiza. Esta es mi prueba para vosotros de que no podéis despidamos ni un momento – yo lo hice, miré un segundo de más unos caballos a la derecha- el coche piso un poco el borde de la carretera y empezó a resbalar, perdí el control de la furgoneta giré el volante como una loca intentando enderezarlo mientras de fondo escuchaba los gritos de Martin pensando ya que iba a morir. Pero Freya debió ver mi decisión y valentía al intentar controlar la situación y me ayudó a aparcar como solo una diosa podría hacer, he aquí la prueba:

Laia aparcando gracias a Freya

Al final de la carretera donde el GPS os diga aparcas y bajas una montaña pequeña hasta llegar a un mirador, desde ahí puedes ver el “rinoceronte” de piedra, como si pasease por la playa de algún lugar hecho por dioses. Nos quedamos ahí pensando en si bajábamos pero he de decir que me da un respeto increíble ese océano y aunque mientras miraba Frozen II aluciné con la valentía de Elsa metiéndose en el agua yo me quedé plantada en el mirador soñando.

Día 7: The Blue Lagoon

Estábamos agotados. Conducimos una hora aproximadamente hasta llegar a Landbrotalaug Hot Pot, estaba lleno así que decidimos dormir por los alrededores y a la mañana siguiente fuimos los primeros en llegar. Recuerdo el pequeño caminito de piedras que sobresalen del agua – vas a tener que cruzar por ahí sí o sí, estaban cubiertas de nieve y la luna preciosa iluminaba junto con la luz del alba el paraíso. Bañarse allí a primera hora fue mágico, la luna, el agua caliente el olor a Islandia, estar perdidos en el mundo, pocas cosas en la vida las puedo comprar a esto.

Teníamos pensado continuar por la península del noroeste pero debido al día de retraso que llevábamos por la gran tormenta no pudimos ir.

Ya en el oeste de Islandia bajamos en coche durante una hora y media y llegamos al Hotel del Blue Lagoon, después de tantos días “solos en el mundo” la enorme aglomeración del lugar nos dejó sorprendidos. Había cientos de personas, esperando su turno para entrar, por ello os digo que reservéis con mucho tiempo. No os recomiendo meter la cabeza en el lago porque se va a resecar mucho el pelo pero por si lo hacéis poneos acondicionador en el pelo antes de entrar como mascarilla protectora. Tampoco joyas si las apreciáis, y nada más entrar podéis ir a unos de los puestos que hay en el lago donde os dan la mascarilla de cortesía.

Lo siguiente fue ir hasta la gasolinera, llenar el depósito y ordenar el caos que se crea en la parte trasera de una casa móvil por dos personas durante cinco días, el arca de Noé iba más ligera. Luego fuimos a devolver el coche y nos llevaron al aeropuerto, mi segunda advertencia es que vayáis con tiempo porque revisan muchas maletas y se lo toman con calma.

Pegué la frente en la ventana del avión a la espera de poder atisbar todas las auroras boreales que me perdí durante siete días a causa de las constantes nubes. Pero no las vi, lloré y todo uno de mis sueños frustrados pero entonces Martin me susurró las palabras mágicas “si no ves las auroras aquí seguro que el día que viajemos a Noruega las ves”. Así que ya os podéis imaginar que ya estoy planeando un nuevo viaje el cuándo será sorpresa.

Esta vez no puedo hacer crítica gastronómica ya que este viaje fue low cost y no teníamos presupuesto para restaurantes.

La guinda de la humanidad

Los campings son lugares de reunión de personas que o bien su presupuesto es ajustado, su manera de viajar es alternativa o simplemente quieren vivir la aventura de Islandia a lo más salvaje. En nuestro caso pudimos ver que las personas que se reúnen en estos lugares son muy simpáticas. Una vez me pasó que estaba en un camping por la mañana deshaciendo la tienda de campaña y hacía mucho frío, una pareja mayor estaba desayunando en una caravana al frente y se debieron de compadecer de nosotros, así que preparó dos tazas grandes de café y nos las trajo.

En Islandia la experiencia fue mucho más solitaria ya que el propio lugar es así, pero en los campings es cuando volvías a reunirte con la sociedad. Cuando hacía tanto frío que cerraron las carreteras y Martin y yo nos fuimos al camping sentimos esa humanidad como una red de soporte y seguridad. El hecho de saber que alguien dormía a ambos lados de nuestro coche nos dio un poco de seguridad, y eso nos hizo sentir más fuertes. No hablamos con nadie en este caso, pero era un acuerdo entre todos, un contrato silencioso en el que todo el mundo primero cuida de si mismo pero si puedo también te cuidaré a ti.

Islandia es salvaje no hay que equivocarse con la idea de que está ya preparado para el turismo, en cierto modo así es, pero no deja de ser una zona gobernada por la naturaleza donde el humano como siempre, intenta hacerse hueco. Esto lo hace atractivo y bello siempre y cuando una este con el ojo abierto a nuevas posibilidades y maneras. Ha sido una experiencia que me ha hecho ver los paisajes nevados como únicos cada uno, y me ha encendido las ganas de visitar otros nuevos.

Highlands escocesas

Tour express de dos días

Torridon

Las tierras altas escocesas son uno de los misterios del alma, y si digo esto es porque cada vez que he ido he sentido una sensación muy dulce y salvaje en cada poro de mi piel. Las montañas son suaves pero albergan una preciosa flora y fauna, los lagos te hipnotizan y calman, la temperatura te hace estar despierto, los cielos mantienen misterio y sus gentes te alegran el día.

Cuando el hogar es un lugar nuevo como me pasó a mí, una de las cosas más mágicas es compartirlo con personas de tu hogar origen. Porque cuando creas tu espacio en otro lugar del mundo se vuelve muy íntimo, creces de manera distinta, y vives muy a tu manera. Eso hace que a veces sea difícil compartirlo con otras personas que parecen formar parte de una realidad alternativa.

Si quieres saber más sobre mi experiencia en Edimburgo aquí tienes toda la información: https://laiawanderlust.blog/memorias-vividas/escocia-edimburgo/

Yo tenía muchas ganas de compartir ese momento de mi vida con mi madre, y finalmente lo conseguimos. Se embarcaron en un vuelo mi madre y su pareja con los padres de Martin y amigos de la familia, porque si hacemos algo lo hacemos a lo grande. Y vinieron a pasar cinco días, dos de ellos los aprovecharon para descubrir Edimburgo en un detallado planning que cree según sus gustos. Los otros dos días los dedicamos a un mini tour por las highlands escocesas. Y justamente ese pequeño viaje es el que vengo a compartir.

Si vas unos días a Edimburgo, quieres una experiencia muy escocesa alternativa pero tienes pocos días, la solución puede que esté en este post. Cuándo ir a esta parte del mundo es una de las preguntas más interesantes, en primavera verás campos con mucha alegría, en verano la temperatura es más agradable, en otoño los bosques se tiñen de colores ocres y, en invierno todo adquiere una sensación más reflexiva y misteriosa. Este viaje lo hicimos en febrero, tuvimos bastante suerte con el tiempo, pero eso es lo divertido del norte, es una lotería muy aventurera. 

Itinerario:

Día 1

  • Inverness

Nos despertamos muy pronto, y cuando digo pronto me refiero a las 5 a.m. Martin y yo recogimos nuestras cosas, acabamos nuestras mochilas y nos fuimos al aeropuerto a buscar la furgoneta que habíamos alquilado. El viaje se retrasó muchísimo porque no nos leímos bien la letra pequeña y tuvimos que hacer cambios de última hora. Por lo tanto atentos a todo lo que alquiláis y no os olvidéis que el lado correcto de la carretera es el izquierdo y, que el cambio de marchas está en el otro lado.

Partimos desde Edimburgo hacia Inverness, si no hubiésemos tardado tanto en recoger el coche hubiésemos ido al campo de batalla de Culoden (https://www.nts.org.uk/visit/places/culloden/ ), esa gran batalla entre ingleses y escoceses que acabó con el sistema medieval de clanes. Finalmente fuimos a comer a un restaurante típico escocés en medio del campo llamado Oakwood (recomiendo reservar), más abajo haré una crítica gastronómica.

  • Torridon

Puede que fuese una de las mejores experiencias del viaje, todos lo infravaloraron pero todos se asombraron. El por qué es sencillo no es un lugar muy turístico, esta bastante escondido hay que conducir un poco y cuando estas en ello parece que te estés perdiendo. Pero cuando llegas el mundo se para, una gran naturaleza te quita el aliento, el lago, los árboles, las montañas, entre otros. Te hacen ver lo pequeño que eres ante el mundo, lo lejos que puedes estar fuera de tu zona de confort y lo que eso significa. Si yo no soy todo eso que me rodea en mi vida monótona, porque estoy aquí sin todo ello y sigo existiendo, ¿quién soy?

Torridon Inn

Tardamos una hora y media desde Inverness, al llegar aparcamos en el párquing del castillo/hotel Torridon Inn, la mitad del grupo se refugió en el súper recomendado bar del hotel tomando whisky, lo cierto es que son especialistas en el tema y tienen una gran variedad. La otra mitad del grupo hicimos un paseo de unos cuarenta y cinco minutos alrededor del lago y bosque, es bastante sencillo de hacer y pudimos ver las vistas del lago, cerditos del lugar y el precioso bosque que rodea el castillo. Al acabar todos nos reunimos en el bar del Torridon Inn, algunos con un vaso de whiskey y los otros con una taza de chocolate caliente al lado del fuego. La decoración del lugar es preciosa, un castillo que quita el aliento y un trato impecablemente magnífico del personal, no nos queríamos ir.

Torridon Inn – Si llegáis pronto ofrecen un Afternoon Tea https://www.thetorridon.com/eat-drink/whisky-bar/

Lago Torridon

Eilean Donan

Después de esa maravillosa sensación cálida que nos dejó el castillo, volvimos al coche muertos de hambre y listos para llegar al hotel donde pasaríamos la noche cerca del castillo que yo más deseaba visitar en toda Escocia. El viaje en coche fue intenso pero la aventura requiere pequeños esfuerzos que son sin duda merecedores de tiempo, el recorrido en coche desde Torridon era de una hora y cuarto. Nuestro conductor tuvo un lapsus momentáneo y cambio el coche al lado derecho, todos empezamos a gritar como locos al ver un camión aproximarse, tuvimos suerte que él es un experto conductor y pudo redirigir la situación a tiempo. Aunque todos lo recordamos como una situación graciosa es verdad que hay que ir con cuidado. 

Llegamos a Balmacara Hotel donde nos sirvieron una rica cena, suelo reservar mis estancias en Booking, este hospedaje esta al lado del castillo de Eilean Donan y aunque modesto es muy acogedor. Después muchos se retiraron a descansar y los demás seguíamos ansiosos de aventuras, así que nos volvimos a subir al coche bajo la luna llena y fuimos a ver Eilean Donan en la penumbra de la noche. Cuando el castillo apareció a mi vista se me cortó la respiración, tan solo y tan bello flotando sobre el lago, remarcando su belleza, unas luces cálidas definen sus rectas y sus pocas curvas. Nos aventuramos más, bajamos del coche y paseamos hasta el lugar, después me fui felizmente a dormir habiendo cumplido un sueño. 

Eliean Donan

Día 2

Eliean Donan

Nos despertamos en lo que parecía un largo letargo, bajamos al buffet libre del hotel y la verdad es que nos pusimos las botas (opciones veganas incluidas solo hay que preguntar por ellas). Fuimos hacia Eilean Donan otra vez con la intención de visitar su interior y aquí otra de las maravillas de Escocia, en muchos museos hay actividades para niños interactivas con el personal del lugar. Los niños aprenden preguntando a los vigilantes de cada zona que les explican historias y curiosidades como si de un cuento se tratase. El interior del castillo es impresionante, es de los castillos que he visitado, más bien ambientados, sobretodo por lo antiguo que es. Una audioguía me explicó cosas muy curiosas (e incluso los propios vigilantes me explicaron cosas) y mi asombro no cesó ni cuando volví a salir. 

Uno de los libros que me llevó a escocia fue el libro de Megan Maxwell Deseo Concedido, el castillo protagonista es Eilean Donan y el clan McRae.

Isla de Skye

Estábamos cerca y no podíamos desperdiciar la situación, no vimos muchos de los puntos que yo quería ver, pero eso es genial porque significa que tengo un motivo más para volver. Dimos un sencillo paseo por la isla y todos sentimos una gran fuerza de la naturaleza en esta parte del viaje. Pudimos ver las típicas vacas escocesas que cariñosamente he apodado como vacas Bob Marley, me acerque mucho -para horror de mí madre- a sacarles fotos, y como buena vegana salí sin lesiones. Para visitar bien la isla de Skye se requieren por lo menos dos días, y como no los teníamos solo dimos un breve paseo por los alrededores.

Fort William

De camino a nuestra última parada antes de volver a Edimburgo paramos a una pequeña cafetería que encontramos en la Isla de Skye, allí tomamos un refresco y comimos algunos frutos secos preparados para continuar el viaje. Esta era una de las partes más largas del viaje tres horas, pero al parar a medio camino se hace mucho más liviano.

Fort William no es mi lugar favorito, pero tiene importancia turística, es decir, es famoso y por ello y por eso quisimos hacer una pequeña paradita. Dimos un paseo por el pueblo, yo me perdí un ratito dentro de una librería absorta por la gran cantidad de libros. Y me tome un café y un bollo en una cafetería vegana preciosa y pequeña que tenía un pequeño supermercado, el nombre era The Wildcat.

Finalmente volvimos a Edimburgo después de tres horas y media más de coche, muertos de cansancio y llenos de nuevas esencias que impregnaban nuestra alma por todo lo vivido. Días después aún sentían la dualidad de si valía la pena dar un paseo en coche tan intenso, ahora pasados los días e incluso meses no les queda ninguna duda de que el viaje valió la pena.

Crítica gastronómica vegana

Oakwood: la cabaña del cazador

Llevábamos muchas horas en coche y estábamos deseando parar en Inverness y saciar el hambre que la aventura había sembrado. Encontré este pintoresco lugar mirando muchas webs, llamé, reservé y, me preguntaron ellos mismos si había algún vegano. Entonces tuve la certeza de que había escogido bien, no sé si fue una conexión especial, o simplemente lo preguntan a todo el mundo, pero fue una señal o eso me gusta creer.

Desde fuera el local rosa no llama la atención, pero cuando entras dentro la decoración parece invitarte a un hogar de las tierras altas. Daba hasta la sensación de ser un refugio para cazadores, en la época en que cazar era sagrado y necesario por carencia de otros productos, un lugar donde se veneraba la presa. En estos tiempos modernos nos conformamos con sentir que los veganos eran aceptados. Nos avisaron que no tenian licencia para vender alcohol pero que nosotros podiamos traer el nuestro propio, mi compañero de hogar era somelier y nos fuimos en nuestra furgoneta con unos cuantos tintos de la Puglia.

No recuerdo mucho la comida, ni puedo dar nombres exactos porque fue hace mucho tiempo, cuando la idea de este blog era una niebla en un lugar escondido de mi mente. Pero recuerdo que nuestra comida fue llena de sabores, muchas verduras de temporada y texturas en contraste entre ellas. El highlander que lo regenta nos ofreció unos tés y yo muerta por el sueño le pedí un café, os prometo que si tomáis un chupito de ese café tenéis entrada VIP para el baño, es decir no os lo recomiendo. Él al ver mi cara vino riendo y me dijo “¿No sabias por qué nosotros siempre bebemos té? Nadie lo sabe hasta que prueba nuestro café.”

Hay experiencias que son más que un plato en la mesa y comida en nuestra boca, en este caso, la comida fue acertada y el contexto fue exuberantemente auténtico.

La guinda de la humanidad

Para mi todo este viaje me regaló vivencias humanas atesorables. Me ilusionó la primera vez que mi madre vio a un highlander tocar la gaita en kilt, me emocionó celebrar el cumpleaños de dos miembros del equipo en lugares tan especiales, me encantó ver disfrutar a algunas personas del famoso y sagrado elixir que es el whisky y, me emocionó hacer un Uc (grito tradicional de comunicación antigua en Ibiza) en medio del campo escocés con mis ibicencos favoritos, y pensar que puede ser que haya sido la primera.

Me enamoré de sus miradas cada vez que se ilusionaban como niños por algún descubrimiento o experiencia y, me fascina ver la llama que se enciende en sus miradas cuando piensan en esa aventura. Me cuidaron muchísimo durante esos días y ese fue para mi el precioso significado de la palabra equipo. Gracias.

The Spanish Crew

La receta express: Scottish Cranachan